armando zarazú aldave
EL PROBLEMA DE CAPILLAPUNTA
Con profunda sorpresa, indignación y rabia mal contenida, los chiquianos residentes en nuestro pueblo y en otras localidades se han enterado del grave atentado contra el patrimonio cultural de nuestros antepasados, concretamente las ruinas prehispánicas de Capillapunta, las cuales han sido mancilladas bajo el pretexto de la construcción de un mirador turístico, lo irónico del caso es que para ese fin se ha utilizado piedras extraídas del mismo complejo arqueológico y, sin seguir el protocolo legal y administrativo establecido para este tipo de trabajos.
Como es de entender, organizaciones culturales chiquianas como, la Casa de la Cultura de la Provincia de Bolognesi y personalidades identificadas con los valores culturales de nuestra tierra elevaron su protesta a las autoridades culturales competentes, las cuales se constituyeron al sitio arqueológico de Capillapunta para constatar este atropello a nuestro patrimonio cultural. Luego ello y al ver la gravedad del hecho, le han dado un plazo de 15 días a la Municipalidad Provincial, responsable del “proyecto” para que demuela todo lo construido. Los restos arqueológicos mencionados han sido motivo de estudios de dos destacados arqueólogos los cuales plasmaron sus estudios y los publicaron en libros que están al alcance de todo el que tenga interés en conocerlos en la biblioteca de la Casa de la Cultura.
Existe un proverbio que a la letra dice: “Lo que natura no da Salamanca no otorga”, el cual explica con claridad la idea de destruir para, supuestamente construir “un mirador turístico”, los lectores pueden sacar sus conclusiones. Lamentablemente, pareciera que, quienes están a cargo de la Municipalidad no tienen buenas relaciones con la palabra cultura, el año pasado esta entidad tuvo un pequeño impase con la Asociación de Escritores Bolognesinos AEB que había publicado un libro de relatos regionales, acorde con el plan de lector, y que solicitaron adquiriera un lote de libros para las escuelas de la provincia, algo que no hizo “porque no tenía presupuesto” … pero sí lo tiene para llevar cemento y materiales de construccion a Capillapunta. Cosas veréis Sancho decía Don Quijote.
Bien, esto de escribir sobre lo sucedido en Capillapunta, trajo a mi memoria una anécdota que, e pronto, puede ser buena idea para las actuales autoridades municipales. Sucede que hace algunos años, cuando el que escribe esta nota era joven estudiante y junto a sus amigos mataba el tiempo conversando sobre los problemas que afrontaba nuestra tierra, es en ese contexto que a alguien se le ocurrió un proyecto “que podía ser el empuje económico que Chiquián necesita”. Veamos, en una tarde de charla entre amigos, uno de ellos, decidió dar una soberbia clase de economía basada en la producción artesanal de la zona, procedió a presentar sus planes para construir un ascensor, de dos o tres paradas a Capillapunta, según su creador dichas paradas eran necesarias para que los artesanos pudieran vender sus productos y ayudar de esa forma a la alicaída economía del pueblo. Claro está que el proyecto tenía una segunda fase, este era la construcción de un funicular de Capillapunta a la catarata de Puto, con lo cual se redondeaba el negocio y los supuestos ingresos económicos aumentaban también.
Hablando más en serio, la municipalidad debería asesorarse mejor para cristalizar sus ideas, no es posible que quiera actuar como Pedro en su casa, sobre todo cuando está de por medio la intangibilidad del patrimonio arqueológico de nuestra tierra. Acciones como la comentada en esta nota le quitan la seriedad y respeto que merece la principal entidad municipal de nuestra provincia.
Armando Zarazú Aldave
[email protected]
Nota.- Las fotografías que acompañan el presente artículo fueron tomadas por el Sr. Hugo Vílchez Romero.
Como es de entender, organizaciones culturales chiquianas como, la Casa de la Cultura de la Provincia de Bolognesi y personalidades identificadas con los valores culturales de nuestra tierra elevaron su protesta a las autoridades culturales competentes, las cuales se constituyeron al sitio arqueológico de Capillapunta para constatar este atropello a nuestro patrimonio cultural. Luego ello y al ver la gravedad del hecho, le han dado un plazo de 15 días a la Municipalidad Provincial, responsable del “proyecto” para que demuela todo lo construido. Los restos arqueológicos mencionados han sido motivo de estudios de dos destacados arqueólogos los cuales plasmaron sus estudios y los publicaron en libros que están al alcance de todo el que tenga interés en conocerlos en la biblioteca de la Casa de la Cultura.
Existe un proverbio que a la letra dice: “Lo que natura no da Salamanca no otorga”, el cual explica con claridad la idea de destruir para, supuestamente construir “un mirador turístico”, los lectores pueden sacar sus conclusiones. Lamentablemente, pareciera que, quienes están a cargo de la Municipalidad no tienen buenas relaciones con la palabra cultura, el año pasado esta entidad tuvo un pequeño impase con la Asociación de Escritores Bolognesinos AEB que había publicado un libro de relatos regionales, acorde con el plan de lector, y que solicitaron adquiriera un lote de libros para las escuelas de la provincia, algo que no hizo “porque no tenía presupuesto” … pero sí lo tiene para llevar cemento y materiales de construccion a Capillapunta. Cosas veréis Sancho decía Don Quijote.
Bien, esto de escribir sobre lo sucedido en Capillapunta, trajo a mi memoria una anécdota que, e pronto, puede ser buena idea para las actuales autoridades municipales. Sucede que hace algunos años, cuando el que escribe esta nota era joven estudiante y junto a sus amigos mataba el tiempo conversando sobre los problemas que afrontaba nuestra tierra, es en ese contexto que a alguien se le ocurrió un proyecto “que podía ser el empuje económico que Chiquián necesita”. Veamos, en una tarde de charla entre amigos, uno de ellos, decidió dar una soberbia clase de economía basada en la producción artesanal de la zona, procedió a presentar sus planes para construir un ascensor, de dos o tres paradas a Capillapunta, según su creador dichas paradas eran necesarias para que los artesanos pudieran vender sus productos y ayudar de esa forma a la alicaída economía del pueblo. Claro está que el proyecto tenía una segunda fase, este era la construcción de un funicular de Capillapunta a la catarata de Puto, con lo cual se redondeaba el negocio y los supuestos ingresos económicos aumentaban también.
Hablando más en serio, la municipalidad debería asesorarse mejor para cristalizar sus ideas, no es posible que quiera actuar como Pedro en su casa, sobre todo cuando está de por medio la intangibilidad del patrimonio arqueológico de nuestra tierra. Acciones como la comentada en esta nota le quitan la seriedad y respeto que merece la principal entidad municipal de nuestra provincia.
Armando Zarazú Aldave
[email protected]
Nota.- Las fotografías que acompañan el presente artículo fueron tomadas por el Sr. Hugo Vílchez Romero.