Gustavo solís fonseca
LA RESISTENCIA DE DIOSES Y HOMBRES A LA EXTIRPACION DE IDOLATRIAS
EN EL SUR DE ANCASH
Siglos xvi, xvii, xviii.
EN EL SUR DE ANCASH
Siglos xvi, xvii, xviii.
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LA RESISTENCIA DE DIOSES Y HOMBRES A LA EXTIRPACION DE IDOLATRIAS EN EL SUR DE ANCASH)
Siglos xvi, xvii, xviii.
¿Cómo se sentirá una persona cuando de pronto tus dioses, tus divinidades, tus lugares sagrados son profanados y destruidos hasta para ser nada? ¿Cómo manejarse en el mundo cuando lo que creías y concebías ya no tienen sentido?, cuando los fundamentos con que vivías ya no tienen valor y, además, las personas que organizaban tu vida social ya no ostentan poder, ni muestran convicción para realizar ofrendas a tus antepasados. ¿Cuándo ya estabas al borde de olvidar todo el conjunto de ideas que daban fundamento a tu vida personal y a tu vida de comunidad?
¿Acaso la gente no siente una profunda desazón, que confina con algo como un trastorno cósmico o del mundo, de las cosas, de las personas, al sentir que lo que creía hasta ayer ya no es igual ahora, que tus antepasados que viven en los “machayes” ya no te acompañan, ya no reciben con alegría los presentes que le llevas para que se alimenten, que ya no es un ser vivo que sienten las mismas necesidades que tú?
¿Cómo vivir en un mundo así, en que tus dioses no son tales y no tienen las fuerzas como las de aquellos que se te imponen?
¿Cómo se sentirá uno cuando siente que el mundo será al revés, o cuando llegas a la conclusión que ya no hay orden, que no hay justicia, que no hay derecho?, como decía Waman Puma.
Todas estas sensaciones terribles las sufrieron nuestros antepasados en los siglos XVI, XVII, XVIII, tiempo terriblemente horrible durante el cual, lo que ha venido en llamarse época de la extirpación de idolatrías implementadas por varios arzobispos de Lima, afectó a la gente del sur de Ancash (Bolognesi) y del norte de Lima (Cajatambo) así como a las formaciones sociales llamadas waris y llacuaces.
Es la época de Virreyes
Francisco de Toledo, quien gobernó desde 1569 hasta 1581.
Martín Enríquez de Almanza: 1581-1583
García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete: 1589-1596
GASPAR Zúñiga y Acevedo, Conde de Monterrey: 1604-1606.
Luis de VELAZCO Y Castilla, Marqués de SALINAS: 1596-1604
Época de los Arzobispos
Bartolomé Lobo Gurrero: 1609-1622
Gonzalo del Campo: 1625-1627
Toribio de Mogrovejo: Su arzobispado no fue propiamente proclive a extirpación, pero si a la evangelización y al estudio de la religiosidad nativa que luego es utilizada por los extirpadores.
Hernando Arias de Ugarte: 1628-1638
Pedro de Villagómez: 1649, publica una carta pastoral siguiendo a Pablo José de Arriaga, quien era algo así como un especialista en religiosidad indígena. Era un criollo.
Época de los extirpadores de las religiones nativas, “idolatrías”.
Rodrigo Hernández Príncipe: 1617-1623. En dos lugares: en OCROS, Bolognesi y la zona de Conchucos-Recuay, ésta era zona CULLI.
Fernando de Avendaño y Gonzales. Comenzó a inicios del siglo xvii, 1617-1618. tuvo dos momentos, el primero en la zona de Recuay y el segundo en OCROS- Bolognesi, ANCASH.
Pablo José de Arriaga en Mangas, Caajatambo
Luis de Teruel, en Mangas.
Recordar esta triste época es hacer MEMORIA de los hombres y mujeres de los pueblos de los Andes de Lima, Ancash, La Libertad, Huánuco, Pasco; de los sacerdotes y sacerdotisas de los pueblos que sufrieron los procesos de juicios de extirpación de idolatrías durante la Colonia, y resistieron en la defensa de sus convicciones religiosas. Invocamos los nombres de los Quraqa Kashamallki y Rodrigo Kashamallqui, padre e hijo; de Tanta Qarwa, hija adolescente del Curaqa de Ocros ofrecida como Qapaq Hucha (Capacocha) por la resistencia de la gente de Ocros a la conquista de Tupaq Inka Yupanki de la zona del Chinchaysuyo. También debemos recordar a los curacas de Mangas y de Copa en la actual provincia de Cajatambo y a decenas de personas de esta zona, hombres y mujeres. Entre ellos:
De los sacerdotes originarios
Andrés Chaupis de Chilcas
Las sacerdotisas originarias
Inés Chumbi, de Chamas,
e innumerables más a lo largo del territorio centro andino-norteño del Perú.
1. Hernández Príncipe y Fernando de Avendaño habrían sido hablantes incipientes de quechua. Hernández P. era jesuita y buen doctrinero, usó la palabra para convencer 2. Fernando de Avendaño apeló a tormentos y malos tratos.
Kashamallqui, el anciano Quraqa de Ocros habría tenido una enfermedad muy difícil de naturaleza síquica, seguramente como probable secuela de su sentimiento de culpa por haber participado en la destrucción de los mallkis y deidades de su pueblo.
CUENTA Y RAZÓN: AUTOCRÍTICA DE LOS MISIONEROS
A finales de la segunda mitad del siglo xvi, la jerarquía eclesiástica española del Perú se convenció con fuerte desazón que había fracasado en su muy anhelado intento de evangelizar (convertir en cristianos católicos) a la inmensa masa de los miembros de los pueblos indígenas peruanos.
El lugar en que el fracaso les pareció el desengaño más doloroso y frustrante, por evidente y generalizado, además de duradero, fue la Sierra centro norteña del Perú, especialmente los Andes de Lima, Áncash, Huánuco y La Libertad, donde la gente seguía practicando sus rituales y ofrendas a sus deidades “gentílicas”, así llamadas por los españoles.
La respuesta a esa experiencia clarísima de frustración misional fue una intensa y cruel cruzada contra la religiosidad nativa de los pueblos, que se conoce como “Extirpación de idolatrías”, con los consiguientes Juicios de Idolatría, que se acometió contra las personas por sus prácticas normales de los rituales propios de su religión culturalmente específica, afectando con dureza a los dioses, los ídolos, los sacerdotes indígenas, los cuerpos de los antepasados; contra los lugares sagrados, los variados rituales, los medios e instrumentos de culto, y contra toda la elaboración intelectual y mental que servía de sustento social e ideológico de la vida espiritual y religiosa de los pueblos originarios peruanos de la zona.
La tarea extirpadora fue un empeño cuidadosamente premeditado y planificado, y encargada a funcionarios religiosos coloniales muy bien experimentados y conocedores desde dentro y desde fuera de la cultura religiosa indígena; fue duradera en el tiempo y con amplios recursos, parte de los cuales provenían de la rapiña y apropiación abusiva de los bienes de la sociedad indígena, de las autoridades, de los sacerdotes nativos o de los individuos denunciados y de los patrimonios en metales preciosos, cerámicas, vestidos de qumpi, etc. de las deidades indias.
Más de las veces la motivación para accionar el proceso extirpatorio era la poca y nada disimulada o, a veces, la totalmente descarada ambición por los bienes de quieres eran denunciados de honrar a sus dioses mediante los cultos y rituales acostumbrados por cientos de años.
El periodo de mayor intensidad de este proceso inicuo, cruel y triste abarca mayormente los siglos XVI, XVII y XVIII. Es la época del arzobispo Gerónimo de Loayza, -aquel cuyo nombre lleva un hospital Ello le paso a Rodrigo Kashamallqui, hijo del viejo QURAQA Kashamallki con sus bienes de caballos y reses.
De Bartolomé Lobo Guerrero, Pedro (Álvaro) de Villagómez, entre otros. En el tiempo de sus arzobispados los pueblos de las provincias actuales de Cajatambo (Lima) y Bolognesi (Ancash) sufrieron la acometida fiera de los extirpadores.
Si bien la extirpación de la religiosidad andina comienza con la comprobación del fracaso de la evangelización, también resulta obvio que el empeño de evangelizar no estaba siendo “adecuadamente” realizado, pues la “idolatría”, así llamada desde la perspectiva de los funcionarios eclesiásticos hispanos, seguía a plenitud como una clara manifestación de la religiosidad nativa. Pero detrás de las evidencias y razones que se señalaban para implementarla, debe considerarse también las envidias y ambiciones de los postreros colonos para quienes ya no había encomiendas ricas que ofrecer a los cada vez más ávidos súbditos españoles que venían a “hacer la América” a hacerse ricos en forma rápida, tal como lo soñaban.
Previamente, varios sacerdotes de varias órdenes religiosas (jesuitas, agustinos entre otras) se esforzaron por conocer y comprender la religiosidad indígena y, una vez que hubieran asumido que ya conocían, se avocaron con tesón a la empresa para combatirla, buscando destruirla. La práctica fue terrible en términos de sufrimiento social de los pueblos peruanos y de los individuos encargados de la concepción ideológica de la religiosidad nativa y de sus oficiantes, hombres y mujeres, que eran muchos y de variadas responsabilidades.
Uno de los que demuestra conocer la religiosidad indígena es Hernando de Avendaño. Él era de origen chachapoyano; cuando se desempeña como extirpador de idolatrías muestra que sabía quechua, pues debió haber aprendido en su tierra, porque parece que su madre era indígena. Avendaño en 1617 escribe una “Relación de las idolatrías de los indios”, la cual publica J. T. Medina en 1904, en la Imprenta en Lima.
Los párrafos que condensan su conocimiento son principalmente los que siguen:
“Adoran los indios dos géneros de ídolos, unos fijos, como son cerros, y peñascos y cumbres altas de la sierra nevada, y al sol, luna y las estrellas, las siete Cabrillas y las tres Marías, y al trueno y rayo. Y a la mar y a los manantiales; otros son móviles, de los cuales unos tienen en sus chacras y labranzas en medio, como abogados de los que en su lengua llaman guanca y otros en sus casas, como dioses lares y penates, y otros en las estancias de sus ganados, los cuales más ordinariamente son de figuras de carneros de la tierra, que llaman caullamas, y a los del maíz saramama o saraconopas, que quiere decir dios del maíz, y tienen figura de un choclo; otros de figura de persona para la vivienda de los hombres; y los que tienen ganado adoran a las piedras besares, para el aumento del, y, finalmente, para todas su cosas tienen ídolos particulares” pag. 443 Duviols.
“Estos ídolos, que en sus lenguas llaman huacas, son muy antiguos, y los heredaban de padres a hijos, y también los ministros de idolatría introducían nuevos ídolos, preguntando a la piedra con otra que tienen a modo de dados, si quería hablar con ellos, y si era huaca, y para qué ministerio, y tomaban por respuesta lo que daba el dado que llaman chanca, sentándose de esta u de otra manera” pag. 443 Duviols
“… dicen que todos los ídolos tienen dentro de sí, aunque sean piedras, cierta deidad que se convirtió en aquella piedra, y por eso la adoran”
“Adoran también a sus primogenitores gentiles, cuyos huesos tenían en mucha veneración y los guardaban en unos sepulcros de piedra y les ofrecían sacrificios de conejos [cuy] y corderos [llamas, alpacas]
“Acabados los sacrificios comenzaba el ayuno; unas veces por tres días y otras por cinco; y los hechiceros solían ayunar por treinta días, y este ayuno solo consistía en no comer sal y ají, y se abstenían de dormir con sus mujeres” pag. 446
“…y lo principal de toda la fiesta venía a parar en la borrachera, hasta que todos se privaban del juicio, y esta borrachera solía durar seis u ocho días.” Pag. 446
En la fiesta de gracias por las buenas sementeras, que hacían cada año, tenían a “los parianes que son unos indios a quienes por elección habían puesto aquel año por guarda de las sementeras y por ceremonia de su oficio habían de hablar aquel tiempo que duraba, que era cuatro meses, delgado, fingiendo la voz como mujer, y tenían unos bordones en las manos con ciertas borlas de lana, y unos pellejos de zorros en las cabezas, y usaban salir con este baile en las procesiones de Corpus”.
Decían en su oración “Runa camac, runa ruraq” //Creador del hombre, hacedor del hombre//
A las criaturas de “edad de dos o tres años los trasquilan los cabellos, con muy particulares ceremonias y ofrendas, y cuando los ponen las guaras, que son los primeros pañetes, por ministerio de los hechiceros, ayunan el dicho ayuno. ”// Es el corte-pelo actual (llamado con nombres diferentes; en algunos sitios: (quita ñaki, aqsa rutuy, gishta o tankash rutuy), que buscan que coincida con el bautismo cristiano en que los padrinos ofrecen regalos a los “ahijados”//[1]
“Usaban dar de comer y beber a los difuntos de las iglesias para llevarlos a los sepulcros de sus progenitores gentiles, adonde los adoraban, y cada año hacían al cabo del año con ritos gentílicos …”
La comprensión de la religiosidad Andina de los extirpadores fue en general esforzada y más o menos correcta. Con la notable profundidad que muestra Hernández Príncipe, quien a la par, aprovecha de una situación de dominio y de las masas nativas con el fin de su provecho. Se sabe, por ejemplo, que Hernández Príncipe y su familia sacaron ventajas de su misión en Conchucos, el mayor centro ganadero de la época y de producción de tejidos que incluso eran exportadas hacia el sur del continente. Los obrajes eran los medios de hacer que los trabajos de los nativos se convirtieran en bienes económicos para los extirpadores. No es completitamente al azar que surgieran centros de alta especialización en la zona.
a. Tejidos en Conchucos
b. La producción de buenos quesos en Aquia y Chiquián
c. La curtiembre y los zapatos de alta calidad y durabilidad en Aquia. Bolognesi.
Notar que Rodrigo Hernández Príncipe se desenvuelve en dos mundos indígenas bastante diferentes, que se supone que él los conocía muy bien. Siendo visitador de Recuay él tenía que tratar con lo yaro del Este de la Cordillera Andina y con los lugares cercanos a ellos en términos de mentalidad. Por ello también recibe el encargo de la visita a Ocros que era un territorio quichua hasta donde habrían tenido influencia los yaro. siendo así, hay que suponer que HERNÁNDEZ PRINCIPE también debió tener algún conocimiento de la lengua culli y de la respectiva religiosisdad. La mención que hace él del dios Llamoq como padre de Katequilla obliga hacer una serie de cuestiones: ¿Cómo es que afirma que Katequilla está en una relación de menor jerarquía frente a Llamoq, quien era el dios principal de los Kulli de la zona cultural de Huamachuco, Chota, etc.. Si Hernández Príncipe tenía ventajas de saber sobre ambas religiones es lógico que era personal preferido de los arzobispos.
Los promotores teóricos de la extirpación fueron:
Hernando de Avendaño
Francisco de Ávila
Diego Ramírez
Pablo Joseph de Arriaga
Luis de Teruel
Los principales agentes ejecutores fueron….
Pablo Joseph de Arriaga 1619
Bernardo de Novoa (Mangas)
Luis de Teruel (Mangas)
Ignacio López (Mangas y lugares cercanos de Cajatambo;
Rodrigo Hernández Príncipe (Recuay y Ocros)
Hernando de Avendaño (Ticllos +)
Un recuerdo temerosos de nuestra etapa infantil era la amenaza de que podrían llamar para que nos traten o castiguen por mala crianza y por no ir a misa o a la Iglesia a los visitadores cuyos nombres mencionados eran Rodrigo Hernández Príncipe y Fernando de Avendaño. Tiempo después pude constatar en documentos que Avendaño era el Encargado de la importante Waranga de Ticllos a la que había pertenecido mi antiguo pueblo llamado CUSI (Llaclla), ubicado en frente de Mangas, pasando el río Pativilca por un mítico puente de cabellos y pestañas que se arrojaban al río desde el puente para tener buena suerte. Además se pasaba el rio que tiene un estatus sacro porque se encarga de llevar los males de la tierra al lugar donde corresponde, que es “a la mar” de donde vienen y a donde van después del rito de limpia social que es la “sitwa”
Las motivaciones
Las motivaciones de las denuncias específicas son, en harta medida, apoderarse de los bienes de los indígenas (curacas) y sacerdotes y sacerdotisas nativas. Apoderarse también de los bienes de los dioses: sus tierras de cultivo y sus ofrendas. Apoderarse de los terrenos que la sociedad nativa (comunales o de ayllus) dedicados al sustento de los sacerdotes y sacerdotisas nativos y para las ofrendas a los dioses y para el sustento de aquellos que se dedicaban a esa importante responsabilidad, la de mantener viva la espiritualidad nativa.
Recordemos que las culturas indígenas del Perú consideran a los muertos como seres que siguen con vida, y hay muchas entidades del mundo que para nosotros son seres inanimados, pero para los peruanos antiguos son seres con vida y siguen teniendo necesidades vitales, razón por la cual los “vivos” tenían que proveerles de alimentos y bebidas en su tumba. Es lo que ahora conocemos y lo practicamos como “el pago”, la “challa” a los Apus, etc…
Un caso emblemático de denuncia falsa al curaca de Ocros, Rodrigo Kashamallki tenía la evidente intención de apoderarse de sus ganados vacunos, caballar, llamas y de sus bienes; O de los libros de su rica biblioteca particular.
Torturas
Vean ustedes los instrumentos de tortura de la inquisición de Lima, e imagínenlo todo aquello en la muerte del sacerdote nativo don Andrés Chaupis, de Chilcas, en el lugar llamado Cusi (Bolognesi-Ancash), a cargo de Hernando de Avendaño, el inclemente extirpador de idolatrías en lugares del Sur de Ancash, en Bolognesi. Veamos el duro accionar de Bernardo de Novoa y otros en el antiquísimo pueblo de Mangas (de Cajatambo antiguo) contra las divinidades, curacas, sacerdotes y sacerdotisas nativos, o contra los lugares sagrados y los mallquis fundadores de sus ayllus (momias de los antepasados); veamos también la denuncia y juicio que levantan los indígenas contra el extirpador Bernardo de Novoa y, seguramente, algún sabor de triunfo incluso contra la corriente dura e inmisericorde de la fuerza de la colonización religiosa oficial.
Resistencia
Una mirada desde ahora para tratar de comprender el empeño de extirpación de la religión indígena nos lleva a reconocer la fortísima resistencia cultural de los pueblos a través del mantenimiento tenaz de su propia concepción religiosa andina específica, recurriendo a múltiples estrategias, que no pocas veces significaron inmolaciones. Pues la resistencia es heroica, inteligente y victoriosa en muchos aspectos. Basta ver cómo ahora se generaliza la “challa” al inicio de toda ceremonia para pedir permiso y auspicio, o se lleva la banda de músicos el 1° de noviembre a los cementerios de Lima, de sus zonas marginales, o se hacen los pagos a los Apus en todo lo ancho y largo de la Sierra.
Imaginar que por las mismas acciones de hacer una challa en la Ciudad Universitaria o en la Agraria de la Molina, cualquiera de los extirpadores mencionados podía someter a torturas.
No es extraño ahora escenas del día de los muertos el 1 de noviembre en algún cementerio en Lima, con música, cantos, comidas, flores como ofrenda. Hacer algo igual en el siglo XVII o XVIII habría sido materia de juicio de idolatría.
En este sentido, la fuerte reacción contra el proceso de extirpación de idolatrías resulta ser una “cruzada de resistencia” con héroes y heroínas indígenas cuya memoria nos corresponde honrar y celebrar con orgullo justificado, por comprender el derecho que tenían nuestros antepasados a sus centenarias y legítimas creencias religiosas. Vemos en todo esto gestos y sacrificios excelsos de héroes y heroínas culturales de los pueblos, que combaten con entereza; también felones, chantajistas, aprovechadores, saqueadores inicuos, soplones, traidores, asimilados oportunos, peseteros.
Sentimos sufrimiento de los pueblos, de sus autoridades indígenas, de los religiosos andinos hombres y mujeres, de la gente en general. Sentimos desazón cósmica entre los hombres y mujeres de aquella época de ensañamiento contra la religión nativa; se siente un tiempo incomprensible de desorientación social, con lealtades excelsas y con dolorosas deslealtades que generan un tiempo de desconcierto, de confusión, que algunos señalan afectó fuertemente la vida de cada quien y de la sociedad, hasta el punto de generar inexplicable inhibición para procrear descendientes, para no traer a este mundo de sufrimiento a los hijos. Aparece el Taki ongo (o Taqi Unguy, en este caso la enfermedad de la capacidad genética del ser humano, equivocadamente interpretada como el canto del taki ongoy, algo así como canción de la enfermedad), cuya causa es la pesadumbre de sentir una vida sin futuro, sin descendientes, tanto como conciencia de la extinción como pueblo, sensación que debe ser lo más terrible que se pueda imaginar.
Sentir todos el dolor físico y aquel otro cósmico, sobrecogedor, que deben haber sufrido los indígenas cuando su mundo dejaba de ser el regazo seguro hasta el momento en que debían enfrentar los juicios, que sumían en la desorientación cuando se referían a sus convicciones religiosas que eran devastadas cuando sus templos e ídolos eran físicamente destruidos durante los procesos de los juicios de “extirpación de idolatrías”, que no eran solamente procesos a los seres sagrados mismos y contra los creyentes, sino también contra la concepción religiosa y todo lo que se le relacionaba culturalmente y daba sentido a la vida social de la gente de los lugares donde se ejercía la extirpación de la religión de los pueblos.
(IMAGINar EL DOLOR DE TODOS Cuando se HACEN AÑICOS LAS HUANCAS SAGRADAS, LA imágenes DE LAS DEIDADES, LAS MOMIAS DE LOS ANTEPASADOS, LAS CONOPAS O, LO EXTREMO, CUANDO EL ORGANIISMO MISMO SE INHIBE DE LA CAPACIDAD GENERATRIZ DE LOS HOMBRES Y MUJERES, QUE MO ENCUENTRAM RAZON PARA SEGUIR TENIENDO DESCENDIENTES)
Los extirpadores y las autoridades religiosas de la Colonia para su pesar descubren cadáveres de cristianos que habían sido llevados a los machayes. Esto es resistencia genuina porque los “deudos” trasladaban a sus sitios sagrados los cadáveres de quienes, probablemente, habiendo sido bautizados, fueron enterrados en los cementerios cristianos, donde como dice desgarradoramente una señora de Chilcas, refiriéndose a su esposo enterrado en el atrio de la iglesia, se queja con pena enorme que le aturde por incomprensible, “¿Cómo puede vivir allí (su esposo), con tanto peso en encima?”. Se refiere a la fosa donde yacía el cadáver de su compañero rellenado con tierra, que hacía imposible la vida nueva de su consorte. Esta señora da idea del enorme sufrimiento no solo de ella misma, sino también nos permite señalar que el esposo “muerto” en términos cristianos, pero “viviente” desde la concepción de la cultura quechua de la zona, no podría resistir una vida que era imposible vivirla por el peso de la materia puesta sobre él, conforme a los enterramientos cristianos.
La extirpación
Fue una guerra de aniquilación contra la religiosidad andina, contra las convicciones culturales más importantes que sustentaban el equilibrio de las creencias de la gente para vivir bien con y entre los seres del mundo, elaboradas a lo largo de sigloss para permitir la vida en sociedad.
Admira entonces la resistencia de la gente de los pueblos en defensa de sus creencias y de sus sustentos culturales, pues vemos lealtad y entereza que conmueve profundamente y enorgullece; porque los dioses y los hombres enfrentaron con dignidad alta y con honor la defensa de sus creencias religiosas tal como las concebían y la practicaban, especialmente por aquellos que en su cultura eran responsables de la validez de la vigencia y función de su espiritualidad.
ADENDA
Constituciones sinodales de 1624
Constitución 8.- “… estarán advertidos de no consentir los bailes, cantares o taquies antiguos, en lengua materna ni general, y harán que se consuman los instrumentos que para ellos tienen como son los tamborsillos, cabezas de venados, antaras y plumerías y los demás que se hallaren, dejando solamente los atambores que usan en la danza de la fiesta del corpus christi y de otros santos …” (B. Lobo Guerrero)
Edicto contra la idolatría
23 disposiciones que publica Arriaga, 1621, que aparecen entre las páginas 516-517 de Duviols
Ítem 19 personas que llevan por nombre de huacas o del trueno
Edicto 21. Personas que llevan huaras secretas por debajo de sus calzones.
Constituciones que deja el visitador de los pueblos para la extirpación de idolatrías
“… ningún indio ni india se llamará con nombre de las huacas ni del rayo, así, no se podrá llamar: Curi, Manco, Missa, chacpa, ni liviac ni Santiago, sino Diego” si no lo hacen será dados 100 azotes. Si hasta aquí se han llamado con esos nombres, mando se los quiten, y usen otros nombres de españoles o santos. Pag. 517
“ni indio ni india tendrá, mullu, paria, llacsa, o hara sancu, tecti, ni tendrá astu, ni guardara maíz huantay, ayrigua, missasara, o collausara, igual con las papas, oca, camote y yucas. (100 azotes Pag, 518
“No ayunarán, no bailarán, no harán el paqaricuc
“No podrán en las tumbas cosa cosida ni asada “es error hasta hoy que crean “que las almas de los difuntos comen y beben”
“No cortaran el cabello de las criaturas. Que llaman huarca (huaraca)
“…Hechizeros y hechizeras, ministros de idolatrías … se juntarán mañana y tarde a la doctrina como hacen los niños” y si faltare doce azotes… Pag 519
… los cuales dichos hechizeros solían predicar su fiesta diziendoles que el Dios de los españoles era para solo españoles; y las huacas para los indios, y que de su pacarinas salieron sus progenitores, para lo cual niegan el origen de todos los hombres de Adán y Eva.
.. dice que hay un lugar donde van las almas que llaman Upaymarca (la marca de las sombras vivientes) y que las almas comen y beben …” Pag. 620
(Todo esto en Arriaga, 1621)
LA LIMPIEZA SOCIAL (la sitwa): búsqueda de la armonía social
La sitwa era una ceremonia particularmente importante para restaurar el bienestar o buen vivir en un grupo, que pudiera haber sido afectado por comportamientos inadecuados de alguien. Este ritual atiende la salud social, cuando ella puede haber sido afectada por conductas negativas de sus miembros.
La limpieza del pueblo, con ceremonias para arrojar los males sociales a fin de que haya salud colectiva se cumplía arrojando simbólicamente los males del asentamiento. En el caso de Cusi (Bolognesi), los males se arrojan al río Pativilca para que sus aguas los lleven lejos, al mar, donde desemboca el río.
Una ceremonia relacionada con esta acción de arrojar los males era rehacer el puente sobre el río mencionado con las pestañas que las gentes se las jalaban para tirarlas al río Pativilca para que se lleve los males de la vida social al mar para convivir bien en el asentamiento.
Qapaq hucha (Capacocha: La gran culpa), que podía implicar sacrificios incluso humanos, como la que hicieron en tiempos del inca Túpac Yupanqui, deponiendo la sublevación ante a conquista de la zona de Mangas y Copa, ofreciendo para ser perdonados por el monarca el sacrificio de niña o niñas núbiles.
Yuqyuq (Vestir al zorzal …) Siembra de maíz. Una ceremonia agrícola que implica al zorzal (yuquish, chihuaco) para que la siembra sea promisoria. El otro pájaro que es sagrado junto al zorzal es el qishraw (la papamosca)
Ayunos
“y volviendo del cerro hacían sus ayunos cinco días sin comer sal ni ají y sin dormir con sus mujeres y sacrificando al ídolo Auca Atama con los indios de su ayllu de Chamas y Naanis (Otros Porun Tama)”
“No comiendo sal ni ají, que hacían por tiempo de Corpus Christi”
Pagos / challas
Muchas (Besar – adorar)
Pisqakuy (Duelo), que duraba cinco días. Con el kipu que debía acompañar a los muertos, algo que se practica o aún se hace en el lugar de Bolognesi que se llama Cuspón, como lo da cuenta Filomeno Zubieta.
Materiales de rituales (ofrendas)
Sangre, usado para elaborar “sango” que se entregaba a la entidad sagrada, por ejemplo, arrojarlo al centro de la laguna Viconga para que llueva, librando de la sequía.
Cuye, para ofrendas
Sanqo (harina de maíz mezclada con sangre)
Sacrificios de criaturas
Para que se perdone el “pecado”, por ejemplo, de resistir a la invasión inca del Chinchaysuyo.
Agua de mar como ofrenda para que llueva, llevado hasta cerca de los nevados y puestos en cantaritos. Ofrendas de mullo, molusco muy preciado de aguas calientes cercanas al trópico.
Techado de casa y retechado
Hechura de puentes
Jawari/ yarwi /yaraví (Canto para animar) a los trabajadores.
Rezos
Memoria de Urpay Wachaq (Texto sobre Urpay Wachaq)
Lugar del culto: El “sero/cerro” Punchau Cayan, al ídolo Urpay Huachaq. Diciendo “. Mama Urpay Huachaq que viniste del mar, recibid esta ofrenda que te damos en nombre de todos los indios e indias; que nos deis salud y aumentos de comidas”
En Otucco:
Coplas al Yucyuc:
“Yucyuc yaya, qarwa senqayoc, qarwa chakiyuq alwayac moc oca apu ricuy cunam qonopa quisup uncuynopita Mibua Raybuam guarmip sallac guarmy micuyn conopanta apamiylla”
“Señor Yucyuc, pájaro que tiene pies amarillos y pico, trae las papas y coca, criador de las comidas que traes del pueblo de Quiso callana de la mujer Mihuan y de la mujer Sallac trajiste las conopa de la comida y dicen los antiguos por fabula que este pájaro mingó al pajarito sacracha que es el papamoscas para que fuese a hurtarle a la mujer Rayguana una hijuela que tenía siempre en los brazos que era todo género de comidas y el dicho yucyuc lo dijo a la susodicha que llevase un puñado de pulgas y se las echase a la dicha mujer en los ojos y mientras ella se rascaba porque era fuerza le picase cargaría la hija y entonces el yucyoc se lo arrebataría. Como dicen sucedió y la trujo y para esto le hacen muchas fiestas al dicho pájaro adoran hacen sacrificios de cuies, sebo, parpas, chicha y todo lo queman delante de él” (pag. 65)
Visitadores:
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Fernando de Avendaño
Bernardo de Novoa Baldez
Pablo Joseph de Arriaga
Luis de Teruel
El sagrado río Pativilca
Este río sagrado llevaba hacia el mar los males sociales de los pueblos por donde discurre, cuando cada año la gente hacía la limpieza (ahuyentar el mal) del pueblo para una mejor salud social y arrojaba a las aguas del río que debía llevarlos hacia el mar, para permitir que la vida fluya con tranquilidad en cada uno de los poblados donde se hubiera hecho el “ritual sagrado” de la sitwa, ese evento social reparador y el más importante de la vida en comunidad que aseguraba que todos alcancen a plenitud el inapreciable bien del “buen vivir” de la gente como un fin supremo mayor.
Este mismo río Pativilca permitía también en casos que los males fueran por sus quebradas hacia la sierra, como hasta ahora señala la gente cuando afirma que la razón por la que alguien no se comporta bien en la comunidad es porque ha sufrido “mal aire”, que es un aire que proviene de la costa, que es el espacio donde se concentran los males.
Imaginar la escena de rehacer el puente con pestañas y de arrojar los males al río para que se los lleve al mar)
Referencias y fuentes
Betanzos, Juan de (1984) Suma y narración de los incas. Cusco: UNSAAC: Serie Ediciones Especiales UNSAAC.
Duviols, Pierre (1986) CULTURA ANDINA Y REPRESION: Procesos y visitas de idolatrías y hechicerías. Cajatambo, siglo XVII.
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Taylor, Gerald. (2003). El sol, la luna y las estrellas no son Dios. La evangelización quechua (Siglo XVI), Lima. IFEA- Fondo Editorial de la PUCP
Taylor, Gerald. (2008). Ritos y tradiciones de Huarochirí. Edición Bilingüe Quechua-Castellano. Lima IFEA, IEP. Fondo Editorial de la UNMSM.
[1] //Poner las “guaras”, generalmente se hacía a los 6,7 u 8 años. Ahora es ponerle pantalones como vestido de hombre o poner el respectivo vestido de mujer. El warachikuy era la ceremonia de diferenciación de género, cuando la criatura previamente –ni varón ni mujer- pasa a ser culturalmente hombre o mujer. Un hecho de extrema importancia en la cultura. //
Gustavo Solís Fonseca
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LA RESISTENCIA DE DIOSES Y HOMBRES A LA EXTIRPACION DE IDOLATRIAS EN EL SUR DE ANCASH)
Siglos xvi, xvii, xviii.
¿Cómo se sentirá una persona cuando de pronto tus dioses, tus divinidades, tus lugares sagrados son profanados y destruidos hasta para ser nada? ¿Cómo manejarse en el mundo cuando lo que creías y concebías ya no tienen sentido?, cuando los fundamentos con que vivías ya no tienen valor y, además, las personas que organizaban tu vida social ya no ostentan poder, ni muestran convicción para realizar ofrendas a tus antepasados. ¿Cuándo ya estabas al borde de olvidar todo el conjunto de ideas que daban fundamento a tu vida personal y a tu vida de comunidad?
¿Acaso la gente no siente una profunda desazón, que confina con algo como un trastorno cósmico o del mundo, de las cosas, de las personas, al sentir que lo que creía hasta ayer ya no es igual ahora, que tus antepasados que viven en los “machayes” ya no te acompañan, ya no reciben con alegría los presentes que le llevas para que se alimenten, que ya no es un ser vivo que sienten las mismas necesidades que tú?
¿Cómo vivir en un mundo así, en que tus dioses no son tales y no tienen las fuerzas como las de aquellos que se te imponen?
¿Cómo se sentirá uno cuando siente que el mundo será al revés, o cuando llegas a la conclusión que ya no hay orden, que no hay justicia, que no hay derecho?, como decía Waman Puma.
Todas estas sensaciones terribles las sufrieron nuestros antepasados en los siglos XVI, XVII, XVIII, tiempo terriblemente horrible durante el cual, lo que ha venido en llamarse época de la extirpación de idolatrías implementadas por varios arzobispos de Lima, afectó a la gente del sur de Ancash (Bolognesi) y del norte de Lima (Cajatambo) así como a las formaciones sociales llamadas waris y llacuaces.
Es la época de Virreyes
Francisco de Toledo, quien gobernó desde 1569 hasta 1581.
Martín Enríquez de Almanza: 1581-1583
García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete: 1589-1596
GASPAR Zúñiga y Acevedo, Conde de Monterrey: 1604-1606.
Luis de VELAZCO Y Castilla, Marqués de SALINAS: 1596-1604
Época de los Arzobispos
Bartolomé Lobo Gurrero: 1609-1622
Gonzalo del Campo: 1625-1627
Toribio de Mogrovejo: Su arzobispado no fue propiamente proclive a extirpación, pero si a la evangelización y al estudio de la religiosidad nativa que luego es utilizada por los extirpadores.
Hernando Arias de Ugarte: 1628-1638
Pedro de Villagómez: 1649, publica una carta pastoral siguiendo a Pablo José de Arriaga, quien era algo así como un especialista en religiosidad indígena. Era un criollo.
Época de los extirpadores de las religiones nativas, “idolatrías”.
Rodrigo Hernández Príncipe: 1617-1623. En dos lugares: en OCROS, Bolognesi y la zona de Conchucos-Recuay, ésta era zona CULLI.
Fernando de Avendaño y Gonzales. Comenzó a inicios del siglo xvii, 1617-1618. tuvo dos momentos, el primero en la zona de Recuay y el segundo en OCROS- Bolognesi, ANCASH.
Pablo José de Arriaga en Mangas, Caajatambo
Luis de Teruel, en Mangas.
Recordar esta triste época es hacer MEMORIA de los hombres y mujeres de los pueblos de los Andes de Lima, Ancash, La Libertad, Huánuco, Pasco; de los sacerdotes y sacerdotisas de los pueblos que sufrieron los procesos de juicios de extirpación de idolatrías durante la Colonia, y resistieron en la defensa de sus convicciones religiosas. Invocamos los nombres de los Quraqa Kashamallki y Rodrigo Kashamallqui, padre e hijo; de Tanta Qarwa, hija adolescente del Curaqa de Ocros ofrecida como Qapaq Hucha (Capacocha) por la resistencia de la gente de Ocros a la conquista de Tupaq Inka Yupanki de la zona del Chinchaysuyo. También debemos recordar a los curacas de Mangas y de Copa en la actual provincia de Cajatambo y a decenas de personas de esta zona, hombres y mujeres. Entre ellos:
De los sacerdotes originarios
Andrés Chaupis de Chilcas
Las sacerdotisas originarias
Inés Chumbi, de Chamas,
e innumerables más a lo largo del territorio centro andino-norteño del Perú.
1. Hernández Príncipe y Fernando de Avendaño habrían sido hablantes incipientes de quechua. Hernández P. era jesuita y buen doctrinero, usó la palabra para convencer 2. Fernando de Avendaño apeló a tormentos y malos tratos.
Kashamallqui, el anciano Quraqa de Ocros habría tenido una enfermedad muy difícil de naturaleza síquica, seguramente como probable secuela de su sentimiento de culpa por haber participado en la destrucción de los mallkis y deidades de su pueblo.
CUENTA Y RAZÓN: AUTOCRÍTICA DE LOS MISIONEROS
A finales de la segunda mitad del siglo xvi, la jerarquía eclesiástica española del Perú se convenció con fuerte desazón que había fracasado en su muy anhelado intento de evangelizar (convertir en cristianos católicos) a la inmensa masa de los miembros de los pueblos indígenas peruanos.
El lugar en que el fracaso les pareció el desengaño más doloroso y frustrante, por evidente y generalizado, además de duradero, fue la Sierra centro norteña del Perú, especialmente los Andes de Lima, Áncash, Huánuco y La Libertad, donde la gente seguía practicando sus rituales y ofrendas a sus deidades “gentílicas”, así llamadas por los españoles.
La respuesta a esa experiencia clarísima de frustración misional fue una intensa y cruel cruzada contra la religiosidad nativa de los pueblos, que se conoce como “Extirpación de idolatrías”, con los consiguientes Juicios de Idolatría, que se acometió contra las personas por sus prácticas normales de los rituales propios de su religión culturalmente específica, afectando con dureza a los dioses, los ídolos, los sacerdotes indígenas, los cuerpos de los antepasados; contra los lugares sagrados, los variados rituales, los medios e instrumentos de culto, y contra toda la elaboración intelectual y mental que servía de sustento social e ideológico de la vida espiritual y religiosa de los pueblos originarios peruanos de la zona.
La tarea extirpadora fue un empeño cuidadosamente premeditado y planificado, y encargada a funcionarios religiosos coloniales muy bien experimentados y conocedores desde dentro y desde fuera de la cultura religiosa indígena; fue duradera en el tiempo y con amplios recursos, parte de los cuales provenían de la rapiña y apropiación abusiva de los bienes de la sociedad indígena, de las autoridades, de los sacerdotes nativos o de los individuos denunciados y de los patrimonios en metales preciosos, cerámicas, vestidos de qumpi, etc. de las deidades indias.
Más de las veces la motivación para accionar el proceso extirpatorio era la poca y nada disimulada o, a veces, la totalmente descarada ambición por los bienes de quieres eran denunciados de honrar a sus dioses mediante los cultos y rituales acostumbrados por cientos de años.
El periodo de mayor intensidad de este proceso inicuo, cruel y triste abarca mayormente los siglos XVI, XVII y XVIII. Es la época del arzobispo Gerónimo de Loayza, -aquel cuyo nombre lleva un hospital Ello le paso a Rodrigo Kashamallqui, hijo del viejo QURAQA Kashamallki con sus bienes de caballos y reses.
De Bartolomé Lobo Guerrero, Pedro (Álvaro) de Villagómez, entre otros. En el tiempo de sus arzobispados los pueblos de las provincias actuales de Cajatambo (Lima) y Bolognesi (Ancash) sufrieron la acometida fiera de los extirpadores.
Si bien la extirpación de la religiosidad andina comienza con la comprobación del fracaso de la evangelización, también resulta obvio que el empeño de evangelizar no estaba siendo “adecuadamente” realizado, pues la “idolatría”, así llamada desde la perspectiva de los funcionarios eclesiásticos hispanos, seguía a plenitud como una clara manifestación de la religiosidad nativa. Pero detrás de las evidencias y razones que se señalaban para implementarla, debe considerarse también las envidias y ambiciones de los postreros colonos para quienes ya no había encomiendas ricas que ofrecer a los cada vez más ávidos súbditos españoles que venían a “hacer la América” a hacerse ricos en forma rápida, tal como lo soñaban.
Previamente, varios sacerdotes de varias órdenes religiosas (jesuitas, agustinos entre otras) se esforzaron por conocer y comprender la religiosidad indígena y, una vez que hubieran asumido que ya conocían, se avocaron con tesón a la empresa para combatirla, buscando destruirla. La práctica fue terrible en términos de sufrimiento social de los pueblos peruanos y de los individuos encargados de la concepción ideológica de la religiosidad nativa y de sus oficiantes, hombres y mujeres, que eran muchos y de variadas responsabilidades.
Uno de los que demuestra conocer la religiosidad indígena es Hernando de Avendaño. Él era de origen chachapoyano; cuando se desempeña como extirpador de idolatrías muestra que sabía quechua, pues debió haber aprendido en su tierra, porque parece que su madre era indígena. Avendaño en 1617 escribe una “Relación de las idolatrías de los indios”, la cual publica J. T. Medina en 1904, en la Imprenta en Lima.
Los párrafos que condensan su conocimiento son principalmente los que siguen:
“Adoran los indios dos géneros de ídolos, unos fijos, como son cerros, y peñascos y cumbres altas de la sierra nevada, y al sol, luna y las estrellas, las siete Cabrillas y las tres Marías, y al trueno y rayo. Y a la mar y a los manantiales; otros son móviles, de los cuales unos tienen en sus chacras y labranzas en medio, como abogados de los que en su lengua llaman guanca y otros en sus casas, como dioses lares y penates, y otros en las estancias de sus ganados, los cuales más ordinariamente son de figuras de carneros de la tierra, que llaman caullamas, y a los del maíz saramama o saraconopas, que quiere decir dios del maíz, y tienen figura de un choclo; otros de figura de persona para la vivienda de los hombres; y los que tienen ganado adoran a las piedras besares, para el aumento del, y, finalmente, para todas su cosas tienen ídolos particulares” pag. 443 Duviols.
“Estos ídolos, que en sus lenguas llaman huacas, son muy antiguos, y los heredaban de padres a hijos, y también los ministros de idolatría introducían nuevos ídolos, preguntando a la piedra con otra que tienen a modo de dados, si quería hablar con ellos, y si era huaca, y para qué ministerio, y tomaban por respuesta lo que daba el dado que llaman chanca, sentándose de esta u de otra manera” pag. 443 Duviols
“… dicen que todos los ídolos tienen dentro de sí, aunque sean piedras, cierta deidad que se convirtió en aquella piedra, y por eso la adoran”
“Adoran también a sus primogenitores gentiles, cuyos huesos tenían en mucha veneración y los guardaban en unos sepulcros de piedra y les ofrecían sacrificios de conejos [cuy] y corderos [llamas, alpacas]
“Acabados los sacrificios comenzaba el ayuno; unas veces por tres días y otras por cinco; y los hechiceros solían ayunar por treinta días, y este ayuno solo consistía en no comer sal y ají, y se abstenían de dormir con sus mujeres” pag. 446
“…y lo principal de toda la fiesta venía a parar en la borrachera, hasta que todos se privaban del juicio, y esta borrachera solía durar seis u ocho días.” Pag. 446
En la fiesta de gracias por las buenas sementeras, que hacían cada año, tenían a “los parianes que son unos indios a quienes por elección habían puesto aquel año por guarda de las sementeras y por ceremonia de su oficio habían de hablar aquel tiempo que duraba, que era cuatro meses, delgado, fingiendo la voz como mujer, y tenían unos bordones en las manos con ciertas borlas de lana, y unos pellejos de zorros en las cabezas, y usaban salir con este baile en las procesiones de Corpus”.
Decían en su oración “Runa camac, runa ruraq” //Creador del hombre, hacedor del hombre//
A las criaturas de “edad de dos o tres años los trasquilan los cabellos, con muy particulares ceremonias y ofrendas, y cuando los ponen las guaras, que son los primeros pañetes, por ministerio de los hechiceros, ayunan el dicho ayuno. ”// Es el corte-pelo actual (llamado con nombres diferentes; en algunos sitios: (quita ñaki, aqsa rutuy, gishta o tankash rutuy), que buscan que coincida con el bautismo cristiano en que los padrinos ofrecen regalos a los “ahijados”//[1]
“Usaban dar de comer y beber a los difuntos de las iglesias para llevarlos a los sepulcros de sus progenitores gentiles, adonde los adoraban, y cada año hacían al cabo del año con ritos gentílicos …”
La comprensión de la religiosidad Andina de los extirpadores fue en general esforzada y más o menos correcta. Con la notable profundidad que muestra Hernández Príncipe, quien a la par, aprovecha de una situación de dominio y de las masas nativas con el fin de su provecho. Se sabe, por ejemplo, que Hernández Príncipe y su familia sacaron ventajas de su misión en Conchucos, el mayor centro ganadero de la época y de producción de tejidos que incluso eran exportadas hacia el sur del continente. Los obrajes eran los medios de hacer que los trabajos de los nativos se convirtieran en bienes económicos para los extirpadores. No es completitamente al azar que surgieran centros de alta especialización en la zona.
a. Tejidos en Conchucos
b. La producción de buenos quesos en Aquia y Chiquián
c. La curtiembre y los zapatos de alta calidad y durabilidad en Aquia. Bolognesi.
Notar que Rodrigo Hernández Príncipe se desenvuelve en dos mundos indígenas bastante diferentes, que se supone que él los conocía muy bien. Siendo visitador de Recuay él tenía que tratar con lo yaro del Este de la Cordillera Andina y con los lugares cercanos a ellos en términos de mentalidad. Por ello también recibe el encargo de la visita a Ocros que era un territorio quichua hasta donde habrían tenido influencia los yaro. siendo así, hay que suponer que HERNÁNDEZ PRINCIPE también debió tener algún conocimiento de la lengua culli y de la respectiva religiosisdad. La mención que hace él del dios Llamoq como padre de Katequilla obliga hacer una serie de cuestiones: ¿Cómo es que afirma que Katequilla está en una relación de menor jerarquía frente a Llamoq, quien era el dios principal de los Kulli de la zona cultural de Huamachuco, Chota, etc.. Si Hernández Príncipe tenía ventajas de saber sobre ambas religiones es lógico que era personal preferido de los arzobispos.
Los promotores teóricos de la extirpación fueron:
Hernando de Avendaño
Francisco de Ávila
Diego Ramírez
Pablo Joseph de Arriaga
Luis de Teruel
Los principales agentes ejecutores fueron….
Pablo Joseph de Arriaga 1619
Bernardo de Novoa (Mangas)
Luis de Teruel (Mangas)
Ignacio López (Mangas y lugares cercanos de Cajatambo;
Rodrigo Hernández Príncipe (Recuay y Ocros)
Hernando de Avendaño (Ticllos +)
Un recuerdo temerosos de nuestra etapa infantil era la amenaza de que podrían llamar para que nos traten o castiguen por mala crianza y por no ir a misa o a la Iglesia a los visitadores cuyos nombres mencionados eran Rodrigo Hernández Príncipe y Fernando de Avendaño. Tiempo después pude constatar en documentos que Avendaño era el Encargado de la importante Waranga de Ticllos a la que había pertenecido mi antiguo pueblo llamado CUSI (Llaclla), ubicado en frente de Mangas, pasando el río Pativilca por un mítico puente de cabellos y pestañas que se arrojaban al río desde el puente para tener buena suerte. Además se pasaba el rio que tiene un estatus sacro porque se encarga de llevar los males de la tierra al lugar donde corresponde, que es “a la mar” de donde vienen y a donde van después del rito de limpia social que es la “sitwa”
Las motivaciones
Las motivaciones de las denuncias específicas son, en harta medida, apoderarse de los bienes de los indígenas (curacas) y sacerdotes y sacerdotisas nativas. Apoderarse también de los bienes de los dioses: sus tierras de cultivo y sus ofrendas. Apoderarse de los terrenos que la sociedad nativa (comunales o de ayllus) dedicados al sustento de los sacerdotes y sacerdotisas nativos y para las ofrendas a los dioses y para el sustento de aquellos que se dedicaban a esa importante responsabilidad, la de mantener viva la espiritualidad nativa.
Recordemos que las culturas indígenas del Perú consideran a los muertos como seres que siguen con vida, y hay muchas entidades del mundo que para nosotros son seres inanimados, pero para los peruanos antiguos son seres con vida y siguen teniendo necesidades vitales, razón por la cual los “vivos” tenían que proveerles de alimentos y bebidas en su tumba. Es lo que ahora conocemos y lo practicamos como “el pago”, la “challa” a los Apus, etc…
Un caso emblemático de denuncia falsa al curaca de Ocros, Rodrigo Kashamallki tenía la evidente intención de apoderarse de sus ganados vacunos, caballar, llamas y de sus bienes; O de los libros de su rica biblioteca particular.
Torturas
Vean ustedes los instrumentos de tortura de la inquisición de Lima, e imagínenlo todo aquello en la muerte del sacerdote nativo don Andrés Chaupis, de Chilcas, en el lugar llamado Cusi (Bolognesi-Ancash), a cargo de Hernando de Avendaño, el inclemente extirpador de idolatrías en lugares del Sur de Ancash, en Bolognesi. Veamos el duro accionar de Bernardo de Novoa y otros en el antiquísimo pueblo de Mangas (de Cajatambo antiguo) contra las divinidades, curacas, sacerdotes y sacerdotisas nativos, o contra los lugares sagrados y los mallquis fundadores de sus ayllus (momias de los antepasados); veamos también la denuncia y juicio que levantan los indígenas contra el extirpador Bernardo de Novoa y, seguramente, algún sabor de triunfo incluso contra la corriente dura e inmisericorde de la fuerza de la colonización religiosa oficial.
Resistencia
Una mirada desde ahora para tratar de comprender el empeño de extirpación de la religión indígena nos lleva a reconocer la fortísima resistencia cultural de los pueblos a través del mantenimiento tenaz de su propia concepción religiosa andina específica, recurriendo a múltiples estrategias, que no pocas veces significaron inmolaciones. Pues la resistencia es heroica, inteligente y victoriosa en muchos aspectos. Basta ver cómo ahora se generaliza la “challa” al inicio de toda ceremonia para pedir permiso y auspicio, o se lleva la banda de músicos el 1° de noviembre a los cementerios de Lima, de sus zonas marginales, o se hacen los pagos a los Apus en todo lo ancho y largo de la Sierra.
Imaginar que por las mismas acciones de hacer una challa en la Ciudad Universitaria o en la Agraria de la Molina, cualquiera de los extirpadores mencionados podía someter a torturas.
No es extraño ahora escenas del día de los muertos el 1 de noviembre en algún cementerio en Lima, con música, cantos, comidas, flores como ofrenda. Hacer algo igual en el siglo XVII o XVIII habría sido materia de juicio de idolatría.
En este sentido, la fuerte reacción contra el proceso de extirpación de idolatrías resulta ser una “cruzada de resistencia” con héroes y heroínas indígenas cuya memoria nos corresponde honrar y celebrar con orgullo justificado, por comprender el derecho que tenían nuestros antepasados a sus centenarias y legítimas creencias religiosas. Vemos en todo esto gestos y sacrificios excelsos de héroes y heroínas culturales de los pueblos, que combaten con entereza; también felones, chantajistas, aprovechadores, saqueadores inicuos, soplones, traidores, asimilados oportunos, peseteros.
Sentimos sufrimiento de los pueblos, de sus autoridades indígenas, de los religiosos andinos hombres y mujeres, de la gente en general. Sentimos desazón cósmica entre los hombres y mujeres de aquella época de ensañamiento contra la religión nativa; se siente un tiempo incomprensible de desorientación social, con lealtades excelsas y con dolorosas deslealtades que generan un tiempo de desconcierto, de confusión, que algunos señalan afectó fuertemente la vida de cada quien y de la sociedad, hasta el punto de generar inexplicable inhibición para procrear descendientes, para no traer a este mundo de sufrimiento a los hijos. Aparece el Taki ongo (o Taqi Unguy, en este caso la enfermedad de la capacidad genética del ser humano, equivocadamente interpretada como el canto del taki ongoy, algo así como canción de la enfermedad), cuya causa es la pesadumbre de sentir una vida sin futuro, sin descendientes, tanto como conciencia de la extinción como pueblo, sensación que debe ser lo más terrible que se pueda imaginar.
Sentir todos el dolor físico y aquel otro cósmico, sobrecogedor, que deben haber sufrido los indígenas cuando su mundo dejaba de ser el regazo seguro hasta el momento en que debían enfrentar los juicios, que sumían en la desorientación cuando se referían a sus convicciones religiosas que eran devastadas cuando sus templos e ídolos eran físicamente destruidos durante los procesos de los juicios de “extirpación de idolatrías”, que no eran solamente procesos a los seres sagrados mismos y contra los creyentes, sino también contra la concepción religiosa y todo lo que se le relacionaba culturalmente y daba sentido a la vida social de la gente de los lugares donde se ejercía la extirpación de la religión de los pueblos.
(IMAGINar EL DOLOR DE TODOS Cuando se HACEN AÑICOS LAS HUANCAS SAGRADAS, LA imágenes DE LAS DEIDADES, LAS MOMIAS DE LOS ANTEPASADOS, LAS CONOPAS O, LO EXTREMO, CUANDO EL ORGANIISMO MISMO SE INHIBE DE LA CAPACIDAD GENERATRIZ DE LOS HOMBRES Y MUJERES, QUE MO ENCUENTRAM RAZON PARA SEGUIR TENIENDO DESCENDIENTES)
Los extirpadores y las autoridades religiosas de la Colonia para su pesar descubren cadáveres de cristianos que habían sido llevados a los machayes. Esto es resistencia genuina porque los “deudos” trasladaban a sus sitios sagrados los cadáveres de quienes, probablemente, habiendo sido bautizados, fueron enterrados en los cementerios cristianos, donde como dice desgarradoramente una señora de Chilcas, refiriéndose a su esposo enterrado en el atrio de la iglesia, se queja con pena enorme que le aturde por incomprensible, “¿Cómo puede vivir allí (su esposo), con tanto peso en encima?”. Se refiere a la fosa donde yacía el cadáver de su compañero rellenado con tierra, que hacía imposible la vida nueva de su consorte. Esta señora da idea del enorme sufrimiento no solo de ella misma, sino también nos permite señalar que el esposo “muerto” en términos cristianos, pero “viviente” desde la concepción de la cultura quechua de la zona, no podría resistir una vida que era imposible vivirla por el peso de la materia puesta sobre él, conforme a los enterramientos cristianos.
La extirpación
Fue una guerra de aniquilación contra la religiosidad andina, contra las convicciones culturales más importantes que sustentaban el equilibrio de las creencias de la gente para vivir bien con y entre los seres del mundo, elaboradas a lo largo de sigloss para permitir la vida en sociedad.
Admira entonces la resistencia de la gente de los pueblos en defensa de sus creencias y de sus sustentos culturales, pues vemos lealtad y entereza que conmueve profundamente y enorgullece; porque los dioses y los hombres enfrentaron con dignidad alta y con honor la defensa de sus creencias religiosas tal como las concebían y la practicaban, especialmente por aquellos que en su cultura eran responsables de la validez de la vigencia y función de su espiritualidad.
ADENDA
Constituciones sinodales de 1624
Constitución 8.- “… estarán advertidos de no consentir los bailes, cantares o taquies antiguos, en lengua materna ni general, y harán que se consuman los instrumentos que para ellos tienen como son los tamborsillos, cabezas de venados, antaras y plumerías y los demás que se hallaren, dejando solamente los atambores que usan en la danza de la fiesta del corpus christi y de otros santos …” (B. Lobo Guerrero)
Edicto contra la idolatría
23 disposiciones que publica Arriaga, 1621, que aparecen entre las páginas 516-517 de Duviols
Ítem 19 personas que llevan por nombre de huacas o del trueno
Edicto 21. Personas que llevan huaras secretas por debajo de sus calzones.
Constituciones que deja el visitador de los pueblos para la extirpación de idolatrías
“… ningún indio ni india se llamará con nombre de las huacas ni del rayo, así, no se podrá llamar: Curi, Manco, Missa, chacpa, ni liviac ni Santiago, sino Diego” si no lo hacen será dados 100 azotes. Si hasta aquí se han llamado con esos nombres, mando se los quiten, y usen otros nombres de españoles o santos. Pag. 517
“ni indio ni india tendrá, mullu, paria, llacsa, o hara sancu, tecti, ni tendrá astu, ni guardara maíz huantay, ayrigua, missasara, o collausara, igual con las papas, oca, camote y yucas. (100 azotes Pag, 518
“No ayunarán, no bailarán, no harán el paqaricuc
“No podrán en las tumbas cosa cosida ni asada “es error hasta hoy que crean “que las almas de los difuntos comen y beben”
“No cortaran el cabello de las criaturas. Que llaman huarca (huaraca)
“…Hechizeros y hechizeras, ministros de idolatrías … se juntarán mañana y tarde a la doctrina como hacen los niños” y si faltare doce azotes… Pag 519
… los cuales dichos hechizeros solían predicar su fiesta diziendoles que el Dios de los españoles era para solo españoles; y las huacas para los indios, y que de su pacarinas salieron sus progenitores, para lo cual niegan el origen de todos los hombres de Adán y Eva.
.. dice que hay un lugar donde van las almas que llaman Upaymarca (la marca de las sombras vivientes) y que las almas comen y beben …” Pag. 620
(Todo esto en Arriaga, 1621)
LA LIMPIEZA SOCIAL (la sitwa): búsqueda de la armonía social
La sitwa era una ceremonia particularmente importante para restaurar el bienestar o buen vivir en un grupo, que pudiera haber sido afectado por comportamientos inadecuados de alguien. Este ritual atiende la salud social, cuando ella puede haber sido afectada por conductas negativas de sus miembros.
La limpieza del pueblo, con ceremonias para arrojar los males sociales a fin de que haya salud colectiva se cumplía arrojando simbólicamente los males del asentamiento. En el caso de Cusi (Bolognesi), los males se arrojan al río Pativilca para que sus aguas los lleven lejos, al mar, donde desemboca el río.
Una ceremonia relacionada con esta acción de arrojar los males era rehacer el puente sobre el río mencionado con las pestañas que las gentes se las jalaban para tirarlas al río Pativilca para que se lleve los males de la vida social al mar para convivir bien en el asentamiento.
Qapaq hucha (Capacocha: La gran culpa), que podía implicar sacrificios incluso humanos, como la que hicieron en tiempos del inca Túpac Yupanqui, deponiendo la sublevación ante a conquista de la zona de Mangas y Copa, ofreciendo para ser perdonados por el monarca el sacrificio de niña o niñas núbiles.
Yuqyuq (Vestir al zorzal …) Siembra de maíz. Una ceremonia agrícola que implica al zorzal (yuquish, chihuaco) para que la siembra sea promisoria. El otro pájaro que es sagrado junto al zorzal es el qishraw (la papamosca)
Ayunos
“y volviendo del cerro hacían sus ayunos cinco días sin comer sal ni ají y sin dormir con sus mujeres y sacrificando al ídolo Auca Atama con los indios de su ayllu de Chamas y Naanis (Otros Porun Tama)”
“No comiendo sal ni ají, que hacían por tiempo de Corpus Christi”
Pagos / challas
Muchas (Besar – adorar)
Pisqakuy (Duelo), que duraba cinco días. Con el kipu que debía acompañar a los muertos, algo que se practica o aún se hace en el lugar de Bolognesi que se llama Cuspón, como lo da cuenta Filomeno Zubieta.
Materiales de rituales (ofrendas)
Sangre, usado para elaborar “sango” que se entregaba a la entidad sagrada, por ejemplo, arrojarlo al centro de la laguna Viconga para que llueva, librando de la sequía.
Cuye, para ofrendas
Sanqo (harina de maíz mezclada con sangre)
Sacrificios de criaturas
Para que se perdone el “pecado”, por ejemplo, de resistir a la invasión inca del Chinchaysuyo.
Agua de mar como ofrenda para que llueva, llevado hasta cerca de los nevados y puestos en cantaritos. Ofrendas de mullo, molusco muy preciado de aguas calientes cercanas al trópico.
Techado de casa y retechado
Hechura de puentes
Jawari/ yarwi /yaraví (Canto para animar) a los trabajadores.
Rezos
Memoria de Urpay Wachaq (Texto sobre Urpay Wachaq)
Lugar del culto: El “sero/cerro” Punchau Cayan, al ídolo Urpay Huachaq. Diciendo “. Mama Urpay Huachaq que viniste del mar, recibid esta ofrenda que te damos en nombre de todos los indios e indias; que nos deis salud y aumentos de comidas”
En Otucco:
Coplas al Yucyuc:
“Yucyuc yaya, qarwa senqayoc, qarwa chakiyuq alwayac moc oca apu ricuy cunam qonopa quisup uncuynopita Mibua Raybuam guarmip sallac guarmy micuyn conopanta apamiylla”
“Señor Yucyuc, pájaro que tiene pies amarillos y pico, trae las papas y coca, criador de las comidas que traes del pueblo de Quiso callana de la mujer Mihuan y de la mujer Sallac trajiste las conopa de la comida y dicen los antiguos por fabula que este pájaro mingó al pajarito sacracha que es el papamoscas para que fuese a hurtarle a la mujer Rayguana una hijuela que tenía siempre en los brazos que era todo género de comidas y el dicho yucyuc lo dijo a la susodicha que llevase un puñado de pulgas y se las echase a la dicha mujer en los ojos y mientras ella se rascaba porque era fuerza le picase cargaría la hija y entonces el yucyoc se lo arrebataría. Como dicen sucedió y la trujo y para esto le hacen muchas fiestas al dicho pájaro adoran hacen sacrificios de cuies, sebo, parpas, chicha y todo lo queman delante de él” (pag. 65)
Visitadores:
Francisco de Estrada
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Fernando de Avendaño
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Pablo Joseph de Arriaga
Luis de Teruel
El sagrado río Pativilca
Este río sagrado llevaba hacia el mar los males sociales de los pueblos por donde discurre, cuando cada año la gente hacía la limpieza (ahuyentar el mal) del pueblo para una mejor salud social y arrojaba a las aguas del río que debía llevarlos hacia el mar, para permitir que la vida fluya con tranquilidad en cada uno de los poblados donde se hubiera hecho el “ritual sagrado” de la sitwa, ese evento social reparador y el más importante de la vida en comunidad que aseguraba que todos alcancen a plenitud el inapreciable bien del “buen vivir” de la gente como un fin supremo mayor.
Este mismo río Pativilca permitía también en casos que los males fueran por sus quebradas hacia la sierra, como hasta ahora señala la gente cuando afirma que la razón por la que alguien no se comporta bien en la comunidad es porque ha sufrido “mal aire”, que es un aire que proviene de la costa, que es el espacio donde se concentran los males.
Imaginar la escena de rehacer el puente con pestañas y de arrojar los males al río para que se los lleve al mar)
Referencias y fuentes
Betanzos, Juan de (1984) Suma y narración de los incas. Cusco: UNSAAC: Serie Ediciones Especiales UNSAAC.
Duviols, Pierre (1986) CULTURA ANDINA Y REPRESION: Procesos y visitas de idolatrías y hechicerías. Cajatambo, siglo XVII.
Garcilaso de la Vega (2007) Los comentarios reales de los Inkas Tomo I, Lima. Edición de la Uniersidad Inc Garcilaso de la Vega.
Jiménez de la Espada, Marcos (1897-1965) Relaciones geográficas de Indias. TOMOS: I, II, III, IV. Madrid. Biblioteca de Autores Españoles. Madrid-España.
Robles Román (1986) Extirpación de idolatrías en Huaylas y Cajatambo. TareaAsociación Gráfica Educativa. 2021. “Bartolomé de las Casas” Cusco, Perú.
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[1] //Poner las “guaras”, generalmente se hacía a los 6,7 u 8 años. Ahora es ponerle pantalones como vestido de hombre o poner el respectivo vestido de mujer. El warachikuy era la ceremonia de diferenciación de género, cuando la criatura previamente –ni varón ni mujer- pasa a ser culturalmente hombre o mujer. Un hecho de extrema importancia en la cultura. //
Gustavo Solís Fonseca
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