agustín zúñiga gamarra
HOMENAJE A DON GREGORIO GAMARRA GENEBROSO
Hoy, domingo 28 de septiembre de 2025, escribo esta nota para rendir homenaje, a don Gregorio Gamarra Genebroso, quien el 25 de septiembre, partió al infinito, su vida estuvo ligada a la voz, al canto y a la identidad de Chiquián y de la provincia de Bolognesi.
Conmueve tanto este hecho, porque su vida fue más que una biografía; es un espejo donde se reflejan nuestras raíces, nuestra cultura popular y la fuerza de un pueblo que nunca dejó de sentirse orgulloso de su identidad, incluso viviendo lejos de su tierra.
Preguntémonos: ¿qué significa para una comunidad tener un comunicador, un cantor, un hombre que hizo de su voz un puente entre los que estaban en Lima y los que soñaban con su tierra? ¿Qué nos queda cuando uno de los nuestros, que nos dio música, palabra y memoria, emprende su viaje final?
Su vida
La historia de Gregorio comienza en su niñez chiquiana, como estudiante de la Escuela Prevocacional de Varones, donde un gesto simple lo marcó de por vida: con un megáfono en mano, convocó por primera vez a su comunidad. Allí nació su vocación de comunicador. “Mi maestro don Antonio Zúñiga, cuando estábamos llamando al publico para que colaborara con unidades de adobes para usar en la escuela; me dijo: Gegroiro, por varo toma el micrófono y convoca a las personas”, esa fue mi primera vez que usé un micrófono.
En Lima, estudió en Guadalupe y luego en San Marcos, pero la vida lo llevó a la sastrería junto a su hermano Alicho, en el Jirón Huancavelica. Esa sastrería fue más que un taller: fue un centro cultural espontáneo, un punto de encuentro donde los paisanos compartían noticias, problemas y sueños.
De ese hervidero de ideas y anécdotas nacería su gran proyecto: el programa Perú Imperial, transmitido en Radio Pacífico de lunes a sábado, una hora diaria. Pensemos en lo que eso significaba: en tiempos en que hoy apenas se logran programas semanales de corta duración, Gregorio sostenía un espacio nacional, donde cada distrito de la provincia tenía su lugar.
Con su voz clara y su estilo cercano, nos regalaba noticias, entrevistas, debates y, sobre todo, huaynos y bandas que nos trasladaban desde el corazón de Lima hasta las montañas del Yerupajá.
Pero Gregorio no se detuvo en la radio: también fue impulsor de la Asociación de Instituciones Bolognesinas (AIB), que reunió a los clubes distritales en torno al deporte, especialmente al fútbol.
Las tardes de domingo en la Unidad Vecinal del Rímac, con las camisetas Roja y Negra del Cahuide o la Verde y Blanca del Tarapacá, fueron espacios de amistad y orgullo provincial. Allí, bandas, cantantes y fútbol se unían para celebrar nuestra identidad.
A ello se sumó otra faceta entrañable: la de cantor y compositor. Su primera canción, Locura de Amor, fue un éxito inmediato. Pero el himno que quedará para siempre es Linda Chiquiana. Esa melodía, interpretada por voces y bandas, es más que un canto: es un juramento de amor a nuestra tierra, un recordatorio de nuestras raíces, un estandarte que ondea en cada fiesta patronal del 30 de agosto.
Y como si todo eso fuera poco, Gregorio aún tuvo tiempo y pasión para escribir. En 2012 presentó su libro Mis pasos dejan huellas. Yo mismo escribí entonces unas palabras, afirmando que cuando un amigo alcanza una meta en el ámbito más duradero de la vida, todos sentimos orgullo. Ese libro no fue solo una obra personal; fue una invitación para que cada bolognesino se atreva a dejar testimonio de su vida y de su tierra.
Hoy, al recordarlo, comprendemos que Gregorio fue más que un sastre, más que un locutor, más que un cantor: fue un tejedor de memoria, un comunicador histórico, un cantor inmortal.
Enseñanza
¿Qué nos enseña hoy la vida de don Gregorio Gamarra?. Nos enseña que la cultura popular no es entretenimiento pasajero, sino raíz que sostiene a la comunidad. También enseña que, con voluntad y perseverancia, un hombre puede transformar su talento en legado. Nos enseña que la voz de un pueblo vive en sus canciones, en sus instituciones, en sus recuerdos compartidos.
Y nos deja una tarea: no dejar que la memoria se pierda. Continuar lo que él comenzó: escuchar, cantar, contar y escribir, porque en cada palabra, en cada melodía y en cada gesto comunitario se renueva la fuerza de nuestra identidad.
Cierro esta nota con el poema que escribí, inspirado en su vida y en nuestra gratitud. Es mi despedida personal y, al mismo tiempo, la voz de muchos chiquianos y bolognesinos que sentimos lo mismo.
Conmueve tanto este hecho, porque su vida fue más que una biografía; es un espejo donde se reflejan nuestras raíces, nuestra cultura popular y la fuerza de un pueblo que nunca dejó de sentirse orgulloso de su identidad, incluso viviendo lejos de su tierra.
Preguntémonos: ¿qué significa para una comunidad tener un comunicador, un cantor, un hombre que hizo de su voz un puente entre los que estaban en Lima y los que soñaban con su tierra? ¿Qué nos queda cuando uno de los nuestros, que nos dio música, palabra y memoria, emprende su viaje final?
Su vida
La historia de Gregorio comienza en su niñez chiquiana, como estudiante de la Escuela Prevocacional de Varones, donde un gesto simple lo marcó de por vida: con un megáfono en mano, convocó por primera vez a su comunidad. Allí nació su vocación de comunicador. “Mi maestro don Antonio Zúñiga, cuando estábamos llamando al publico para que colaborara con unidades de adobes para usar en la escuela; me dijo: Gegroiro, por varo toma el micrófono y convoca a las personas”, esa fue mi primera vez que usé un micrófono.
En Lima, estudió en Guadalupe y luego en San Marcos, pero la vida lo llevó a la sastrería junto a su hermano Alicho, en el Jirón Huancavelica. Esa sastrería fue más que un taller: fue un centro cultural espontáneo, un punto de encuentro donde los paisanos compartían noticias, problemas y sueños.
De ese hervidero de ideas y anécdotas nacería su gran proyecto: el programa Perú Imperial, transmitido en Radio Pacífico de lunes a sábado, una hora diaria. Pensemos en lo que eso significaba: en tiempos en que hoy apenas se logran programas semanales de corta duración, Gregorio sostenía un espacio nacional, donde cada distrito de la provincia tenía su lugar.
Con su voz clara y su estilo cercano, nos regalaba noticias, entrevistas, debates y, sobre todo, huaynos y bandas que nos trasladaban desde el corazón de Lima hasta las montañas del Yerupajá.
Pero Gregorio no se detuvo en la radio: también fue impulsor de la Asociación de Instituciones Bolognesinas (AIB), que reunió a los clubes distritales en torno al deporte, especialmente al fútbol.
Las tardes de domingo en la Unidad Vecinal del Rímac, con las camisetas Roja y Negra del Cahuide o la Verde y Blanca del Tarapacá, fueron espacios de amistad y orgullo provincial. Allí, bandas, cantantes y fútbol se unían para celebrar nuestra identidad.
A ello se sumó otra faceta entrañable: la de cantor y compositor. Su primera canción, Locura de Amor, fue un éxito inmediato. Pero el himno que quedará para siempre es Linda Chiquiana. Esa melodía, interpretada por voces y bandas, es más que un canto: es un juramento de amor a nuestra tierra, un recordatorio de nuestras raíces, un estandarte que ondea en cada fiesta patronal del 30 de agosto.
Y como si todo eso fuera poco, Gregorio aún tuvo tiempo y pasión para escribir. En 2012 presentó su libro Mis pasos dejan huellas. Yo mismo escribí entonces unas palabras, afirmando que cuando un amigo alcanza una meta en el ámbito más duradero de la vida, todos sentimos orgullo. Ese libro no fue solo una obra personal; fue una invitación para que cada bolognesino se atreva a dejar testimonio de su vida y de su tierra.
Hoy, al recordarlo, comprendemos que Gregorio fue más que un sastre, más que un locutor, más que un cantor: fue un tejedor de memoria, un comunicador histórico, un cantor inmortal.
Enseñanza
¿Qué nos enseña hoy la vida de don Gregorio Gamarra?. Nos enseña que la cultura popular no es entretenimiento pasajero, sino raíz que sostiene a la comunidad. También enseña que, con voluntad y perseverancia, un hombre puede transformar su talento en legado. Nos enseña que la voz de un pueblo vive en sus canciones, en sus instituciones, en sus recuerdos compartidos.
Y nos deja una tarea: no dejar que la memoria se pierda. Continuar lo que él comenzó: escuchar, cantar, contar y escribir, porque en cada palabra, en cada melodía y en cada gesto comunitario se renueva la fuerza de nuestra identidad.
Cierro esta nota con el poema que escribí, inspirado en su vida y en nuestra gratitud. Es mi despedida personal y, al mismo tiempo, la voz de muchos chiquianos y bolognesinos que sentimos lo mismo.
Don Gregorio Gamarra: Voz y Alma de Bolognesi
Ayer alzó vuelo al infinito
el autor de nuestro huayno estandarte,
la canción que en agosto se hace bendita,
recordando el momento que decidí amarte.
Cuando joven universitario en Lima
eran irremplazables mis encuentros con Perú Imperial;
nos llevabas de Husgor al Yerupajá en su cima,
todo me sabía a Chiquián, mi tierra natal
El balón rodó en el Rímac inclaudicable,
la Roja y Negra, y la Verde y Blanca brillaron;
tardes de fútbol de competencia inolvidable,
bandas, cantantes y amistad nos entusiasmaron.
El estudiante de la prevocacional de varones
irrumpió con micrófonos para ser grande;
luchaste en Lima enfrentándote a leones,
Impusiste en la radio el sabor a Ande.
La nostalgia por tu Chiquián añorado
te hizo autor y cantor de canciones célebres;
en cada estrofa y fuga estaba tu suelo adorado
tus venas de Luis Pardo cantaban “¡somos libres!”.
Con Linda Chiquian dejaste una invaluable huella:
allí está nuestro saludo, recuerdo, y el amor a nuestra tierra
a nuestras mujeres, a nuestras madres siempre bellas;
con tu canción somos un acorazado que nunca se aterra
Hasta siempre, don Gregorio inmortal cantor,
Vivirás en cada rincón y corazón chiquiano;
Bolognesi, tu provincia, de recuerda con amor,
tus cantos y creatividad son orgullo provinciano.
Agustín Zúñiga
Lima, 28 de setiembre de 2025
el autor de nuestro huayno estandarte,
la canción que en agosto se hace bendita,
recordando el momento que decidí amarte.
Cuando joven universitario en Lima
eran irremplazables mis encuentros con Perú Imperial;
nos llevabas de Husgor al Yerupajá en su cima,
todo me sabía a Chiquián, mi tierra natal
El balón rodó en el Rímac inclaudicable,
la Roja y Negra, y la Verde y Blanca brillaron;
tardes de fútbol de competencia inolvidable,
bandas, cantantes y amistad nos entusiasmaron.
El estudiante de la prevocacional de varones
irrumpió con micrófonos para ser grande;
luchaste en Lima enfrentándote a leones,
Impusiste en la radio el sabor a Ande.
La nostalgia por tu Chiquián añorado
te hizo autor y cantor de canciones célebres;
en cada estrofa y fuga estaba tu suelo adorado
tus venas de Luis Pardo cantaban “¡somos libres!”.
Con Linda Chiquian dejaste una invaluable huella:
allí está nuestro saludo, recuerdo, y el amor a nuestra tierra
a nuestras mujeres, a nuestras madres siempre bellas;
con tu canción somos un acorazado que nunca se aterra
Hasta siempre, don Gregorio inmortal cantor,
Vivirás en cada rincón y corazón chiquiano;
Bolognesi, tu provincia, de recuerda con amor,
tus cantos y creatividad son orgullo provinciano.
Agustín Zúñiga
Lima, 28 de setiembre de 2025