KIPU, EN BOLOGNESI Y LITERATRAS ORALES
1. Hay dos palabras del quechua, muy tempranamente asimiladas al castellano: chaqra y quipu.
La forma silabificada en castellano de chaqra es cha-cra, lo cual es diferente en el quechua, en esta lengua no se permite que concurran dos consonantes en una misma silaba, de modo que esa palabra en quechua también tiene dos silabas, pero con esta distribución de los sonidos: chaq-ra.
La palabra resultante difiere claramente de la original quechua, al menos en dos aspectos:
a. Silabificación en castellano: cha-cra
b. En quechua las silabas son: chaq-ra
En quechua, aquello que se escribe como –c/q- es en realidad no una consonante velar como en castellano, sino postvelar, que en quechua se debe escribir como “q”, porque no es el mismo sonido que –k/c
En esta palabra el rastreo de su origen quechua es claro, sin ninguna duda.
Pero en el caso de kipu/o, no resulta muy claro si es de origen quechua o no, pues existe desde mucho antes de la formación del imperio inka de habla quechua.
La razón en este caso es que parece ser un logro cultural ampliamente compartido en América prehispánica. Aparte, en la función que tenía o tiene, la palabra no alude a algo específico semánticamente. Todavía es oscuro el valor de su significado.
La cuestión con quipu/kipu es que no hay un valor semántico claro asociado que aluda al significado de dicha palabra: Sí hay en quechua una palabra que es [qipu] pronunciado como [qepu/o] que significa algo así como “nudo, promontorio, retorcijo, protuberancia” que alude en algo a los nudos del quipu.
Una palabra como /qipu/ pronunciado como [qepu/o], como normalmente tenían que hacerlo los hablantes de castellano, se acerca algo a la forma de los quipos y a su función.
Julio Calvo (2014, p. 579), en el Diccionario etimológico de palabras del Perú, señala que la palabra es quechua: Quipu <quipu ´nudo´ (´Cuerdas con nudos con que llevaba la contabilidad el Imperio Inca’). La función del quipu como sistema de llevar contabilidades se sustenta bastante. Los estudiosos como Carlos Radicatti, Frank Salomon, Andrés Chirinos destacan esta función como la propia del instrumento en referencia. Pero no es solo contabilidad su campo, se puede decir que es el más característico y de lo que más se sabe desde hace mucho tiempo, incluso es lo que resulta de las preocupaciones que desde la Colonia inquietaron a Vaca de Castro o a Toledo y, después, a gran número de investigadores. Sin embargo, es obvio que hay ahora más intereses para comprender los usos del quipu y los tipos, sean cuales fueran los criterios para tipificar o clasificar.
Parece que hallazgos de usos que han perdurado hasta estos tiempos de aquel instrumento de origen inmemorial por ahora, llevan a salirse del campo del uso exclusivo de contabilidad a otros usos que no son típicamente de contabilidad, pero sí de “contar” o relatar, que nos obliga a mirar el alcance más amplio de “contar”, más allá de lo estrechamente numérico o traducible a ello.
En nuestro conocimiento, hay dos experiencias con quipus que nos obligan a ampliar su uso sobre la base de expandir aquello que siempre se ha dicho de “contabilidad” y ver cuánto se puede acercar a “relatar” o contar como “contar cuentos”, como “Hablador”, del tipo del hablador del pueblo matsiguenga de la Amazonia. Esta preocupación se relaciona con el reto de examinar el sentido del instrumento quipu que Román Robles dio a conocer identificando bien su singularidad con el nombre del “Quipu alfabético de Mangas”. Aparte de este singular Quipu, tenemos luego el hallazgo del uso casi actual, que seguramente lo sigue siendo en algunos lugares, de aquel uso que halló el Historiador Filomeno Zubieta en Cuspón, en el sur de Ancash, y cuyo instrumento en tanto quipu se conoce como el “Quipu Funerario de Cuspón”
Tengo la experiencia de haber visto varias veces el uso del quipu amarrado a la cintura de los difuntos en Llaclla, Bolognesi, de la manera como relata F. Zubieta. También he visto el uso durante un evento académico realizado en Lima por CONCYTEC y con la presencia de especialistas en su estudio, como el doctor Carlos Radicatti, quien fuera acucioso investigador sobre el kipu. El que demostró su uso para asombro de los presentes fue el señor Nieves Yucra, habitante del Altiplano, quien había sido invitado para compartir con los participantes su práctica de usuario contemporáneo del kipu. Y lo hizo ante una pregunta inopinada de Humberto Rodríguez Pastor, funcionario del Concytec y organizador del encuentro, quien no hizo la pregunta a Nieves Yucra, y a nadie de los presentes allí, lo había planteado para esperar una respuesta como la que hizo el señor Yucra. Pero él no era un yucra dormido, pues respondió vivazmente, probablemente porque todos miramos al salón y comenzamos contar mentalmente, pero con los dedos y auscultando todos los asientos ocupados, diciendo, uno, dos, tres etc. Pero Yucra nos hace perder la cuenta cuando escuchamos su voz que nos dice, ante la pregunta de Humberto Rodríguez:
¿Cuántos estamos asistiendo a este evento, en este auditorio?
Los presentes nos miramos los rostros bastante sorprendidos y comenzamos cada uno a contar a los presentes y; mientras estamos en ese afán, escuchamos la voz de un asistente que se encontraba en la mesa principal junto a los organizadores. Era Nieves Yucra el que hablaba y dice:
“Aquí hay 33, pero han salido 2 de la sala. Somos 35”
Seguramente muchos se preguntaron ¡Cómo lo sabe este señor Yucra, a quien, hasta el momento, salvo los organizadores del evento, los demás no lo conocíamos! El señor Yucra estaba sentado en la mesa vestido con su poncho típico cusqueño o puneño.
No sabíamos, no lo podíamos saber, que él ya había hecho su cuenta y ya lo había anotado en el quipu que traía consigo, pues el quipu estaba con él; no en sus manos, no en la forma de manojos de cordeles que se nos viene a la mente cuando pensamos en el quipu; pues lo que él tenía era portátil y formaba parte de su vestimenta, ya que su quipu estaba constituido de los flecos que tenía su típico poncho sureño que a los de la zona les llega hasta la cintura, y sus flecos funcionaban como los hilos de una madeja, en los que había anotado datos que le interesaba guardar mientras estaba ausente de su comunidad.
Ante las preguntas de la gente contó que tenía anotadas varias cosas, como sus reses que ya debían ser más de las que dejó, pues habrían nacido algunos becerros, etc. Refirió también sobre papa y maíz que almacenaba en su casa para el consumo de su familia.
El quipu de Cuspón
Estoy convencido que los quipus como el de Cuspón y de varios otros lugares de Bolognesi en Ancash, tienen influencia de la cristianización o evangelización durante la Colonia. Tal debe ser el caso del quipu de Cuspón, pero también de los usados en varios lugares de la zona como parte de la indumentaria que el muerto debe llevar consigo para exponer ante San Pedro los méritos para ingresar el cielo. Según lo que se podía constatar con el quipu que sustentaba las razones para que el alma del occiso entrara al paraíso, pues San Pedro decidiría su ingreso o no; siendo así, el interesado tenía que ser exhaustivo con los datos o las razones, porque lo que estaba en juego era cuestión de ingresar o no al espacio del eterno goce.
Este quipu no cuenta cantidades, pero si relata razones que puede ser poca o bastante para sustentar la defensa de que el alma del alguien debe ser admitido en el cielo, porque las razones que argumenta y el peso de dichas razones hacen imperativa que el “ánima” implicado no puede estar vagando sin rumbo, sino debe estar gozando en el cielo disfrutando de la nueva forma de vida.
EL LLANTO DE LAS LLORONAS ¿OTRA FORMA DE KIPU FUNERARIO ORAL?
El lloro es otra forma de registro de texto, que viene a ser, por su objetivo, una forma de contenido de kipu funerario hablado, al final, también un kipu, pues la función es como aquel del kipu funerario de Cuspón.
El llanto a cargo de las llamadas “lloronas” en Iquitos es una forma mediante la cual los familiares de alguien hacen de conocimiento los argumentos o razones para que el alma de un difunto tenga la posibilidad de ingresar al paraíso, pues la llorona dice las virtudes o méritos que el alma respectiva tiene para lograr el derecho de ingresar al cielo[1].
La concepción de la muerte que figura en el texto que sigue provienen de la Crónica de Bernabé Cobo. (Ver la referencia en la nota de pie de página)
“Algunos creían que, salida el alma del cuerpo, si había vivido bien, se hacía estrella, y que de allí procedían todas las del cielo, y que allí gozaban de gloría. Y si la vida había sido mala, iba á cierto lugar donde tenía pena perpetua; la cual dónde y cómo se la daban también discrepaban, y cada uno fingía lo que quería; porque no tenían en esto cosa fija ni asentada ni obligatoria, sino que, como gente sin lumbre, andaban vacilando é inventando cada día cosas nuevas, conforme á la flaqueza humana. Otros tenían que las ánimas que salían de los cuerpos de unas partes, venían á nacer en otras, y que cuando del todo saliesen de esta vida (que fin afirmaban que ha de tener el Mundo) recibirían gloría ó pena, según sus méritos. Otras naciones pensaban que las ánimas de los difuntos se quedaban en este mundo, y que unas veces tenían gozo, y otras eran afligidas, y andaban vagas y solitarias, padeciendo hambre, sed, frío, calor y cansancio; y que ellas ó sus fantasmas solían visitar á sus parientes y á otras personas, en señal que habían de morír ó les había de venir algún mal; y por esta razón de creer que las ánimas tenían hambre, sed y otros trabajos, ofrecían en las sepulturas comidas, bebidas, ropa y otras cosas” para que aprovechasen á los difuntos; y por esto tenían tan especial cuidado de hacer sus aniversaríos.
Los Incas afirmaban que las ánimas de los que han sido buenos van al cielo y tienen perpetua gloría, y ésta dicen que es estar con el Sol en partes de gran deleite que tiene aparejadas el Viracocha para este fin. Unos creían que en la gloría no comen, ni beben, ni duermen, ni tienen mujeres ni necesidad de lo uno ni de lo otro; pero los más tenían lo contrarío, creyendo que los que iban al cielo comen y beben espléndidamente muy buenas y regaladas comidas que el Criador les tiene aparejadas y las que acá les ofrecen y queman en sus honras sus deudos y amigos; y así tenían tanto cuidado de ofrecer de comer y beber á sus muertos, mayormente á los cuerpos embalsamados de los Señores, hablando con ellos como si estuvieran vivos y diciéndoles: «cuando eras vivo solías comer y beber destos manjares y bebidas; recíbalo ahora tu ánima y cómalo doquiera que estuviere.» Y tenían por cierto que así pasaba, que donde quiera que las ánimas estaban recibían y comían los manjares que les ofrecían, como hacían antes que muriesen; y para que más se confirmasen en este error, á veces, y cuando por voluntad de Dios le era permitido, tomaba el Demonio la figura de algún hombre principal de los ya muertos, y aparecía con su propio traje y forma, como cuando era vivo, con su atavío y acompañamiento, á sus deudos y conocidos, y les hacía entender que estaba en otro reino alegre y deleitoso de la manera que allí lo veían.
Así mismo, estaban persuadidos á que hay Infierno para los malos, y que allí los atormentan los demonios, á quienes pintaban muy feos y espantables. Los lugares del Infierno decían estaba debajo de la tierra, y que es muy estrecho y apretado; y que los que allá van padecen mucha hambre y sed; y que les hacen comer carbones, culebras, sapos y otras sabandijas asquerosas, y beber agua turbia y hedionda; y que de sólo esto se mantienen las ánimas de los condenados, cuya pena dicen ser perpetua”.
¿Para qué los quipus de los muertos?
¿Cuál es el valor o la importancia de los llantos, su forma, sus argumentos?; ¿ante quién argumentan las lloronas?
Las lloronas dicen las razones a viva voz.
Los quipus sirven a las almas para dar cuenta de los méritos de las personas.
Las lloronas hacen lo mismo que los quipus, solo que a viva voz. En ambos casos exponen los argumentos para que el difunto o su alma señalen los méritos para ser admitido en el cielo-paraíso.
LAS LITERATURAS NO ESCRITAS
El título de este acápite puede enarcar las cejas si nos ponemos a pensar en lo que parece un contrasentido de “literaturas y ¿no escritas?”, cuando precisamente no puede haber escritos que no sean con letras o con lo que llamamos “sistemas de escrituras”. Las literaturas son escritas, existen cuando se tiene sistemas de escritura, los cuales pueden ser muy diferentes. Y eso lo notamos inmediatamente en forma directa cuando identificamos al sistema usado en la “escritura” de alguna literatura de pueblos originarios peruanos.
Es vedad que estos sistemas de escritura pueden ser identificados con nombres, y cuando decimos que estos están escritos en chino, en árabe, en japonés, coreano, hebreo, en persa, etc. estamos listando sistemas de escrituras específicos; unas muy diferentes a la vista, a otras que se parecen, etc. Sin embargo, todos identificamos que los sistemas usan de figuras diferentes para “escribir” previo aprendizaje de habilidades concretas como “el escribir” y descifrar que llamamos “leer”.
Aparte de la escritura reconocemos que se escribe en algo y con algo. Hay entonces un soporte de la escritura que es bastante generalizado que es el papel. Pero no es el único soporte para escribir que la humanidad ha usado y usa.
Los soportes: papel, hojas de plantas, cueros, piedras, barro endurecido, etc.
Pero hay otras clases de soportes cuando nos fijamos con más detalle: ¿Tejidos, madejas, clases de quipus, otros?
Tejidos, las pununas de Huancabamba, que son frazadas.
Los vestidos de las mujeres del Cañón del Colca en Arequipa, o de las señoras del Valle del Mantaro o del Callejón de Huaylas y Corongo, o los diseños en las caras o cuerpo en general, incluso en algunas momias encontradas en Huaral, o los adornos de los sombreros o los mates burilados, etc.
Los diseños pictográficos en el rostro que muchos pueblos practican en la Amazonia.
Son muchos los que hacen literatura. La hacen los tejedores y tejedoras de Huancabamba (Piura), las señoras shipibas y matsiguengas en la Amazonia. Las señoras ancianas, generalmente abuelas de niñas que deben pasar el rito de pasaje entre las matsiguengas.
Y aquí permitan una nota para mayor precisión: estoy hablando de la literatura en plural /Literaturas/, porque soy lingüista y porque en el Perú la literatura peruana es Literaturas peruanas, y no solamente la literatura castellana o las literaturas en castellanos regionales, muchas de ellas hermosas obras como las de AERGUEDAS, Alegría,, Hernández, Cardich y muchos otros como Pantigozo del Cusco y Odin Gonzales; pero leyendo literaturas sobre todo porque en este país se hace literaturas desde hace miles de años, sobre todo cuando se ve no desde el lado único de leer la escritura, sino desde el lado múltiple de la lectura, pues tenemos que tener en cuenta las docenas de lenguas en las que se hace literatura y se “lee” la literatura en el sentido pristiño de la palabra “leer” que es la palabra latina “legere” que significa “recoger” las letras y procesarlas mentalmente comprendiendo su sentido.
Entonces por las tantas lenguas y culturas que viven en el Perú o han vivido, es bueno fijar la mirada no solo desde la parte de la escritura de la literatura; sino también desde la parte de “leer” la literatura, de la lectura. Desde esta parte están los “texto” en la pununas de Huancabamba, en los mates burilados, en los rostros de la persona pintada entre los shipibos, matsiguengas y varios otros pueblos y espacios de pueblos extintos.
Lo último que se escribe no es toda la posibilidad de la literatura, hay más posibilidades desde una mirada más abierta, cuando se enfoca y expande el sentido de “leer”
Conocemos en todo el Perú, en todas las naciones peruanas, narradores, cantores, pintores que han hecho literatura cuyos textos están en cuevas milenarias, en los vestidos, en rituales, en canciones, en leyendas, en los mitos, etc. Ahí está un pueblo en particular, los machiguengas, de Madre de Dios, sobre cuya habilidad literaria no escrita tenemos la obra de un Nobel (Vargas Llosa) con un título no feliz: El hablador, en otros términos, según la cultura de dicho pueblo, “alguien que es un excelso parlador o narrador”, personaje de extraordinaria habilidad para conversar o narrar y de gran importancia cultural para una comunidad o pueblo.
Roberto Aldave hace literatura visual y, obvio, que hay otros como Fernando Valdivia, con quien uno se puede encontrar en la selva en el lugar más inesperados de algún pueblo amazónico.
A través de ver se lee una gran parte de las literaturas no escritas, aquella que se llama literaturas orales. Que son literaturas para ver y para oír.
Lo que se ve y se oye se lee / legere “recoger” Oír y ver / oral
Tenemos muchas más literaturas para oír en el Perú; no tanto Para leer, y no tanto para visualizar.
¿QUÉ SE VE y LEE?
Las pinturas en el rostro de los miembros de los pueblos amerindios.
Los diseños en los vestidos de los pueblos andinos y de las mujeres del Cañón del Colca
Las pununas o mantos para dormir de los habitantes de Huancabamba, en Piura.
Los mates burilados de la gente del valle del Mantaro
Los vestidos, las esteras, los sombreros de totora que hacen la gente de Végueta y Supe en el Norte Chico, etc.
Los diseños en cerámicas. Los adornos de flores en los bordes de los vestidos y los sombreros
Los textos en los rostros de las personas machiguengas en el Manu, Madre de Dios.
FUENTES Y REFERENCIAS
Calvo Pérez, Julio. 2014. Diccionario etimológico de palabras del Perú. Universidad Ricardo Palma. Lima. Perú.
Cobo, Bernabé. 1653. Historia del nuevo mundo (1653)
Mackey, Karol. 1990. “Nieves Yucra Huatta y la continuidad en la tradición en el uso del quipu”. En Mackey, Karol, Hugo Pereyra Sánchez, et al., eds. 1990. Perú: Lima: Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.
Núñez Murillo, Gabriela. 2015. Culturas orales y Culturas escritas. PUCP. Lima.
Mendizábal, Sergio. (Investigador Principal) 2007. EL ENCANTAMIENTO DE LA REALIDAD. Conocimientos mayas en prácticas sociales de la vida cotidiana. Guatemala.
Robles Mendoza, Román. 1982. El kipu alfabético de Mangas. (Publicado también en 1990 por: Mackey, Karol, Hugo Pereyra Sánchez, et al., eds. 1990, en: Quipu y yupana. Colección de escritos.
Salomón, Frank.2006. Los Quipocamayos. El antiguo arte del quipu en una comunidad campesina moderna. Lima. IFEA - IEP
Solís, Gustavo.1989 “La gramática de la numeración en quechua” En: Solís y Chacón. 1989. Lingüística y Gramática Runasimi-chanka. UNESCO
Zubieta, Filomeno
El kipu funerario de Cuspón- Bolognesi. AEA. Lima.
[1] El cronista español Bernabé Cobo en su libro: (Historia del nuevo mundo, en el CAPÍTULO III de dicho libro escribe lo siguiente referido a la vida después de la muerte: “De las opiniones que tuvieron estos indios en lo que toca a las ánimas y otra vida después désta.
“ACERCA deste punto tuvieron muchas opiniones diferentes unas de otras; en lo que concordaban todos (á lo que se puede alcanzar) sin discrepar ninguno, es en dos cosas sustanciales: la primera, en conocer la inmortalidad del alma y que en el hombre hay más de lo que se ve con los ojos; y la otra, en que el bueno tiene gloría y el malo pena después desta vida. Mostraban lo primero en el cuidado grande que tenían de prevenir y adornar sus sepulturas; en meter en ellas con el difunto todos sus haberes, mujeres y servicio y cantidad de comida y bebida; y lo segundo, en la enseñanza, exhortaciones y reprehensiones que los sacerdotes y maestros suyos daban al común del pueblo, para apartarlos de lo malo é inclinarlos á lo bueno, unas veces amenazándolos con el castigo y otras convidándolos con el premio de la otra vida; dado caso que en la forma que esta gloria y pena se da y recibe difieren y desatinan, en lo cual era imposible acertasen sin lumbre de fe”
Gustavo Solís Fonseca