alfonzo valderrama gonzález
MARCELA
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Acompañaba a la caravana de mi adolescencia, una decepción que hería lo profundo de mi ser, como navaja que parte un cuerpo, se introducía a mi corazón, todos los días me hacía padecer. Felizmente llegó los meses de vacaciones del año, me fui a Paria, a ordeñar mis lecheras, hacer queso, allí medité profundamente sobre el amor, el cariño, olvidé la decepción, había sido sólo un mal paso. Culminada las vacaciones, cruzando horizontes, cumbres elevadas como el famoso Huamanhuegue, retorné a mis estudios, para iniciar nuevos debates decidido a conquistar otros amores, cual un cacique. Las asignaturas las aprobaba sin ninguna dificultad, mi problema era con las mujeres, eran todas bonitas, así apareció en mi vida una gringuita de La Soledad, me aceptó en la primera declaración, estaba dispuesta. El amor de Marcela produjo heridas en mi alma, como se pena meter el hilo a la aguja para coser, ya que cada domingo íbamos del cine a mi cama, me dejaba la piel hecha temblores de tanto placer. Hermosa como la flor, de piel blanquísima, lozana, dinero no le faltaba porque su padre tenía demás, también tenía amantes, como si fuera una cortesana no se escapaban, no desperdició ni al tombo Tomás. Descubrí que tenía una virtud después de todo, todas las citas que hacía siempre las incumplía, así nos pasamos el sesenta. ¿Me habría querido? no me importó, como las citas que no cumplía. Marcela, gringuita de mis recuerdos, mujercita sabida, me enseñaste que el amor depende del uso que se le da, en toda la humanidad es parte importante de la vida, hay que satisfacer al que te suplica, es como comida. 1964 6to. Poema. Poemario Tiempos con Ellas. Alfonzo Valderrama González [email protected] |