ARMANDO ZARAZÚ ALDAVE
MARZO MES DE LA MUJER
La historia de la humanidad se ha caracterizado por haber sido escrita por el hombre, realzando al hombre y, en beneficio del hombre, sin considerar que, la compañera de este, la mujer, ha sido partícipe de sus penurias y triunfos, lo cual, sin duda alguna, es una de las más grandes injusticias que todavía subsisten dentro de la humanidad. En pleno siglo XXI todavía existen países en donde las mujeres son consideradas ciudadanas de segunda clase, sin derecho a gozar de los mismos beneficios que, la sociedad, otorga a sus contrapartes del sexo opuesto, en buen castellano, los hombres. En realidad, es mucho todavía lo que falta hacer para considerar que la mujer, realmente está en la misma situación del hombre. Es necesario, por lo tanto, crear conciencia y educar a la sociedad para que, algún día, se pueda decir realmente que existe igualdad entre el hombre y la mujer.
La mujer ha estado presente, desde los tiempos iniciales de la humanidad y en todas las culturas que han existido, como parte activa de la sociedad en que le tocó vivir. Sin embargo, su participación siempre fue ignorada en una historia escrita, casi siempre desde el punto de vista masculino, la cual olvida que la participación de la mujer, en el cotidiano vivir, ha sido fundamental para el desarrollo y progreso de la humanidad. Desde tiempos inmemoriales se trató de minimizar el papel de la mujer en la sociedad, como si su participación hubiera sido inexistente y, si alguna vez se le menciona, es como esposa o compañera de hombres públicos, cuyos méritos si merecen ser mencionados y recordados. Las páginas de los libros de historia hablan de conflictos políticos, guerras entre países y reyes poderosos; campos en los cuales la mujer, salvo contadas ocasiones, no tuvo oportunidad de destacar. En realidad, la historia siempre ha sido injusta con la mujer y es recién, en las últimas décadas, que los científicos sociales, han empezado a replantear y reconocer el papel de la mujer, no solo dentro de la sociedad, sino también en el mundo en el cual se desarrolla.
En las últimas décadas, al mismo tiempo que los estudios acerca de la situación de la mujer en nuestra sociedad han ido avanzando, los dedicados a investigar sobre el tema, han comenzado a descubrir la grandeza y trabajo realizado por algunas mujeres célebres. Parte de este material es fácil de conseguir en bibliotecas, crónicas, códigos legales, biografías y archivos eclesiásticos. Otra fuente de información aparece como consecuencia del estudio de la cultura popular, a la cual la mujer está íntimamente muy ligada por su condición de madre y trabajadora.
Sin embargo, y muy lamentablemente, por cierto, todavía existe la desigualdad en el campo laboral, la paridad salarial, acceso a campos académicos y de trabajo. Sin embargo, y esto es penoso decirlo, la violencia contra la mujer se ha incrementado año tras año, lo vemos todos los días a través de los medios de comunicación nos enteramos de los abusos a que son sometidas muchas de ellas por sus propias parejas. Muchos de estos casos terminan en horribles crímenes que una sociedad, supuestamente civilizada, no puede tolerar. Estos últimos días hemos visto con angustia como, en la capital ancashina, una joven policía ha perdido la vida a manos de otro, supuesto guardián de la ley quien, haciendo gala de un cinismo a toda prueba se acercó a los familiares de su víctima para “ofrecerles apoyo legal” porque el individuo de marras también era abogado. Este trágico caso es una prueba más que muchos hombres ven a la mujer como seres inferiores. Indudablemente que la forma de crianza tiene que cambiar, recuerden aquello de que “los hombres no lloran, solo lloran las mujeres”, lo que a las claras significa que la sociedad también es culpable de la discriminación que sufren las mujeres, en realidad siempre lo fue, en todas las culturas y en todos los tiempos.
La mujer es compañera del hombre y, por lo mismo, pieza fundamental en el desarrollo de la sociedad. Por lo tanto, esta sería mejor si todos sus componentes tuvieran los mismos derechos y las mismas oportunidades en la vida.
Si bien es cierto que se ha logrado algunos avances en referencia al tema que comentamos, cierto es también que nos falta mucho camino por recorrer al respecto. Es bueno, entonces, recordar al poeta peruano César Vallejo cuando decía “Hay hermanos muchísimo que hacer…”
Armando Zarazú Aldave
[email protected]
La mujer ha estado presente, desde los tiempos iniciales de la humanidad y en todas las culturas que han existido, como parte activa de la sociedad en que le tocó vivir. Sin embargo, su participación siempre fue ignorada en una historia escrita, casi siempre desde el punto de vista masculino, la cual olvida que la participación de la mujer, en el cotidiano vivir, ha sido fundamental para el desarrollo y progreso de la humanidad. Desde tiempos inmemoriales se trató de minimizar el papel de la mujer en la sociedad, como si su participación hubiera sido inexistente y, si alguna vez se le menciona, es como esposa o compañera de hombres públicos, cuyos méritos si merecen ser mencionados y recordados. Las páginas de los libros de historia hablan de conflictos políticos, guerras entre países y reyes poderosos; campos en los cuales la mujer, salvo contadas ocasiones, no tuvo oportunidad de destacar. En realidad, la historia siempre ha sido injusta con la mujer y es recién, en las últimas décadas, que los científicos sociales, han empezado a replantear y reconocer el papel de la mujer, no solo dentro de la sociedad, sino también en el mundo en el cual se desarrolla.
En las últimas décadas, al mismo tiempo que los estudios acerca de la situación de la mujer en nuestra sociedad han ido avanzando, los dedicados a investigar sobre el tema, han comenzado a descubrir la grandeza y trabajo realizado por algunas mujeres célebres. Parte de este material es fácil de conseguir en bibliotecas, crónicas, códigos legales, biografías y archivos eclesiásticos. Otra fuente de información aparece como consecuencia del estudio de la cultura popular, a la cual la mujer está íntimamente muy ligada por su condición de madre y trabajadora.
Sin embargo, y muy lamentablemente, por cierto, todavía existe la desigualdad en el campo laboral, la paridad salarial, acceso a campos académicos y de trabajo. Sin embargo, y esto es penoso decirlo, la violencia contra la mujer se ha incrementado año tras año, lo vemos todos los días a través de los medios de comunicación nos enteramos de los abusos a que son sometidas muchas de ellas por sus propias parejas. Muchos de estos casos terminan en horribles crímenes que una sociedad, supuestamente civilizada, no puede tolerar. Estos últimos días hemos visto con angustia como, en la capital ancashina, una joven policía ha perdido la vida a manos de otro, supuesto guardián de la ley quien, haciendo gala de un cinismo a toda prueba se acercó a los familiares de su víctima para “ofrecerles apoyo legal” porque el individuo de marras también era abogado. Este trágico caso es una prueba más que muchos hombres ven a la mujer como seres inferiores. Indudablemente que la forma de crianza tiene que cambiar, recuerden aquello de que “los hombres no lloran, solo lloran las mujeres”, lo que a las claras significa que la sociedad también es culpable de la discriminación que sufren las mujeres, en realidad siempre lo fue, en todas las culturas y en todos los tiempos.
La mujer es compañera del hombre y, por lo mismo, pieza fundamental en el desarrollo de la sociedad. Por lo tanto, esta sería mejor si todos sus componentes tuvieran los mismos derechos y las mismas oportunidades en la vida.
Si bien es cierto que se ha logrado algunos avances en referencia al tema que comentamos, cierto es también que nos falta mucho camino por recorrer al respecto. Es bueno, entonces, recordar al poeta peruano César Vallejo cuando decía “Hay hermanos muchísimo que hacer…”
Armando Zarazú Aldave
[email protected]